lunes, 31 de octubre de 2016

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS 
“No siempre, aquellos que suelen hablar de pobreza, saben captar el contenido de estas palabras…Los falsos profetas de todos los tiempos han pretendido apoyarse en ellas”

PRIMERA LECTURA
Apocalipsis  7,2-4.9-14

 Victoriosos con Cristo.
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 23
 Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

SEGUNDA LECTURA
 1 Juan 3, 1-3
Hijos de Dios lo somos ya.
 EVANGELIO
Mateo 5,1-12
 Dichosos vosotros... Estad alegres y contentos, que grande es la recompensa que Dios os da.

            Comentario- Introducción
Para la Solemnidad de hoy, día de Todos los Santos, no disponemos de ninguna publicación en el compendio de homilías que don Miguel proclamó, al menos en este año que vamos siguiendo y que corresponde con el ciclo C.
He escogido la introducción correspondiente a otro año de sus homilías, así como algunas ideas que coinciden con el espíritu de la liturgia de este día; incluso con la proclamación de la Bienaventuranzas en la lectura del Evangelio. Una primera parte recogida de la homilía correspondiente al Domingo IV del Tiempo Ordinario del ciclo A y la final del Domingo XXXIII, también del mismo ciclo.
Precisa y preciosa reflexión, desde el texto bíblico de las Bienaventuranzas, la reflexión de la primitiva Iglesia, pasando a la concreción de la santidad hoy, en nuestro tiempo, en la sencillez de una “santa” mujer de Cortijos Nuevos. Mujer que el obispo la pone como ejemplo en medio del pueblo.
S. Berdonces
HOMILÍA
 Siempre que celebramos esta solemnidad de Todos los Santos, resuena en la Asamblea el mismo pregón evangélico: “Dichosos los pobres…, dichosos los que lloran…, dichosos los perseguidos…, dichosos los limpios, los que trabajan por la paz…” La liturgia de la fiesta nos invita a vivir la realidad del Evangelio. Lo vemos hecho vida en aquellos hermanos nuestros que ya llegaron a la Patria.

La montaña
“Al ver Jesús el gentío, subió a la montaña…” (Mt 5,1-12). Recuerdo ahora como San Gregorio de Nisa aborda el comentario de las Bienaventuranzas. Empezaba preguntado: “¿Quién es tal en esta comunidad que sea discípulo de la Palabra; capaz de ascender con él, desde los bajos, terrenos y oscuros pensamientos, al monte espiritual de la subida contemplación? Ciertamente, este monte, dominando las sombrar que proyectan las alturas de la maldad y la oscuridad de los vicios, está iluminado en todas sus partes por los rayos de la verdadera luz, en la limpia serenidad de la verdad” (De Beat. Orat 1ª).
Y es que en realidad, el monte es el mismo Jesucristo. Pues qué, ¿no es en él, en quien se han hecho vida todas las Bienaventuranzas del Reino?…Él, Jesucristo, “siendo rico, se hizo pobre con nosotros, para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9). Jesucristo, “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). Que lloro junto a la tumba de lázaro y luego frente a la ciudad de Jerusalén. Experimentó el hambre y la sed, en el desierto y en la cruz. Y ¿quién ha tenido jamás entrañas de misericordia, como Jesús frente a la muchedumbre del pueblo, que le seguía hasta el desierto, para escuchar sus palabras, y andaban “como ovejas sin pastor” (Mc 6,34; 8,2).
Jesucristo, “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”, “limpio de corazón”. Nadie sirvió a la causa de la paz, como aquel que es nuestra paz. Y, si hablamos de los que padecen persecución por casa de la justicia, ¿Quién  podría compararse con aquél que “fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros pecados” (Is 53,4)?

Pobres en el espíritu
La lección de hoy es una síntesis acabada de toda doctrina cristiana, norma segura de la perfección evangélica, ideal para cuantos aspiran a seguir al maestro de cerca, la meta hacia la que han de dirigir todos sus pasos cuantos luchan por alcanzar la santidad, aspirando a conseguir la corona incorruptible prometida a los vencedores. Empieza con estas palabras: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”.
Desgraciadamente, no siempre, aquellos que suelen hablar de pobreza, saben captar el contenido de estas palabras. Los falsos profetas de todos los tiempos han pretendido apoyarse en ellas, para programar sus reivindicaciones de tipo económico y socio-político. Y nada más lejos del Evangelio. La mera pobreza material no es la que aquí se ensalza, sino aquella que es expresión de una fe a toda prueba.
Rechina a nuestros oídos escuchar, “bienaventurados los pobres” ¿Cómo puede ser bienaventurado quien pasa necesidad?”. El sentido de esta pobreza bienaventurada hay que buscarlo en las expresiones de los profetas, cuando anunciaban de parte de Dios la salvación del “resto de Israel”, tras la ruina de la nación: “Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor (Sof 3,12). Pobres de Yahvé fueron aquellos que, probados por la pobreza y la opresión, conserva siempre el sentido de Dios y esperan “contra toda esperanza”, la llegada de la salvación.
 De este resto fueron aquellos buenos israelitas que, cuando Jesús empezó su predicación del Evangelio del Reino, aceptaron sus palabras y le siguieron. Y cuantos en la primitiva Iglesia y a lo largo de toda su Historia, se han abrazado con la pobreza, para verse libres de la esclavitud del dinero y marchar sin estorbos por los caminos del mundo hacia la casa del Padre…Las que siguen: “Dichosos los sufridos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia”, vienen a ser variantes de un mismo tema…


Hermana Juana un vivo ejemplo de bienaventurada.
…A propósito de la pobreza y de los pobres que ponen su confianza en el Señor. Yo os traía hoy un mensaje. Estuve el lunes en la Sierra de Segura; apenas llegué a Cortijos Nuevos, vino a verme la hermana Juana. -Así se llaman entre ellos, hermano y hermana-. Nos conocemos de antes. Me abrazó, me  besó; yo también a ella. A la tarde fui a devolver la visita. Ella es ya anciana y lleva su pañuelo negro en la cabeza. Las ancianas de mi tierra (La Alpujarra) suelen ponerse el pañuelo de dos maneras: una, para ir de visita; otra, cuando están de faena. Juana está siempre en plan de trabajo, no tiene mucho tiempo para el descanso.
Hermana Juana tiene una hija de veintinueve años, Anita; está paralítica  y ciega. Todos los esfuerzos para curarla resultaron vanos. Atiende al mismo tiempo a su madre, Cristina, que tiene noventa y tantos años, y no puede moverse para nada. Y, por si fuera poco, un cuñado suyo anciano se quedó solo hace unos días; también está paralítico, en una silla de ruedas. Y hermana Juana se lo ha llevado a su casa para cuidarlo. Por todos los ingresos tiene unas siete mil pesetas mensuales. Menos mal que aquellos vecinos –hermano- suplen con su caridad.
Comentando con ella el cuadro, en compañía del párroco, yo le animaba a perseverar en la confianza y el amor del Señor. De pronto, se vuelve a mí, que estaba sentado junto a ella, y me dice: “Lo que yo puedo decir de verdad es que mi vida, desde que era niña, ha sido toda para Dios”. Lo decía llorando. Y pensé entonces que os debía traer este mensaje de hermana Juana...
Cuando uno se tropieza con estos con estos casos heroicos, en que el espíritu cristiano y evangélico se pone de manifiesto con toda claridad, es cuando se empieza  a entender  lo que vale tanta espiritualidad sofisticada. Y se avergüenza uno de la falta de sensatez, que caracteriza muchas de nuestras actuaciones.
Miguel Peinado.


ORACIÓN PARA EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS
Dios todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los santos, concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


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