lunes, 31 de octubre de 2016

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS 
“No siempre, aquellos que suelen hablar de pobreza, saben captar el contenido de estas palabras…Los falsos profetas de todos los tiempos han pretendido apoyarse en ellas”

PRIMERA LECTURA
Apocalipsis  7,2-4.9-14

 Victoriosos con Cristo.
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 23
 Este es el grupo que viene a tu presencia, Señor.

SEGUNDA LECTURA
 1 Juan 3, 1-3
Hijos de Dios lo somos ya.
 EVANGELIO
Mateo 5,1-12
 Dichosos vosotros... Estad alegres y contentos, que grande es la recompensa que Dios os da.

            Comentario- Introducción
Para la Solemnidad de hoy, día de Todos los Santos, no disponemos de ninguna publicación en el compendio de homilías que don Miguel proclamó, al menos en este año que vamos siguiendo y que corresponde con el ciclo C.
He escogido la introducción correspondiente a otro año de sus homilías, así como algunas ideas que coinciden con el espíritu de la liturgia de este día; incluso con la proclamación de la Bienaventuranzas en la lectura del Evangelio. Una primera parte recogida de la homilía correspondiente al Domingo IV del Tiempo Ordinario del ciclo A y la final del Domingo XXXIII, también del mismo ciclo.
Precisa y preciosa reflexión, desde el texto bíblico de las Bienaventuranzas, la reflexión de la primitiva Iglesia, pasando a la concreción de la santidad hoy, en nuestro tiempo, en la sencillez de una “santa” mujer de Cortijos Nuevos. Mujer que el obispo la pone como ejemplo en medio del pueblo.
S. Berdonces
HOMILÍA
 Siempre que celebramos esta solemnidad de Todos los Santos, resuena en la Asamblea el mismo pregón evangélico: “Dichosos los pobres…, dichosos los que lloran…, dichosos los perseguidos…, dichosos los limpios, los que trabajan por la paz…” La liturgia de la fiesta nos invita a vivir la realidad del Evangelio. Lo vemos hecho vida en aquellos hermanos nuestros que ya llegaron a la Patria.

La montaña
“Al ver Jesús el gentío, subió a la montaña…” (Mt 5,1-12). Recuerdo ahora como San Gregorio de Nisa aborda el comentario de las Bienaventuranzas. Empezaba preguntado: “¿Quién es tal en esta comunidad que sea discípulo de la Palabra; capaz de ascender con él, desde los bajos, terrenos y oscuros pensamientos, al monte espiritual de la subida contemplación? Ciertamente, este monte, dominando las sombrar que proyectan las alturas de la maldad y la oscuridad de los vicios, está iluminado en todas sus partes por los rayos de la verdadera luz, en la limpia serenidad de la verdad” (De Beat. Orat 1ª).
Y es que en realidad, el monte es el mismo Jesucristo. Pues qué, ¿no es en él, en quien se han hecho vida todas las Bienaventuranzas del Reino?…Él, Jesucristo, “siendo rico, se hizo pobre con nosotros, para enriquecernos con su pobreza” (2 Cor 8,9). Jesucristo, “manso y humilde de corazón” (Mt 11,29). Que lloro junto a la tumba de lázaro y luego frente a la ciudad de Jerusalén. Experimentó el hambre y la sed, en el desierto y en la cruz. Y ¿quién ha tenido jamás entrañas de misericordia, como Jesús frente a la muchedumbre del pueblo, que le seguía hasta el desierto, para escuchar sus palabras, y andaban “como ovejas sin pastor” (Mc 6,34; 8,2).
Jesucristo, “Cordero de Dios que quita los pecados del mundo”, “limpio de corazón”. Nadie sirvió a la causa de la paz, como aquel que es nuestra paz. Y, si hablamos de los que padecen persecución por casa de la justicia, ¿Quién  podría compararse con aquél que “fue traspasado por nuestras rebeliones, triturado por nuestros pecados” (Is 53,4)?

Pobres en el espíritu
La lección de hoy es una síntesis acabada de toda doctrina cristiana, norma segura de la perfección evangélica, ideal para cuantos aspiran a seguir al maestro de cerca, la meta hacia la que han de dirigir todos sus pasos cuantos luchan por alcanzar la santidad, aspirando a conseguir la corona incorruptible prometida a los vencedores. Empieza con estas palabras: “Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos”.
Desgraciadamente, no siempre, aquellos que suelen hablar de pobreza, saben captar el contenido de estas palabras. Los falsos profetas de todos los tiempos han pretendido apoyarse en ellas, para programar sus reivindicaciones de tipo económico y socio-político. Y nada más lejos del Evangelio. La mera pobreza material no es la que aquí se ensalza, sino aquella que es expresión de una fe a toda prueba.
Rechina a nuestros oídos escuchar, “bienaventurados los pobres” ¿Cómo puede ser bienaventurado quien pasa necesidad?”. El sentido de esta pobreza bienaventurada hay que buscarlo en las expresiones de los profetas, cuando anunciaban de parte de Dios la salvación del “resto de Israel”, tras la ruina de la nación: “Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor (Sof 3,12). Pobres de Yahvé fueron aquellos que, probados por la pobreza y la opresión, conserva siempre el sentido de Dios y esperan “contra toda esperanza”, la llegada de la salvación.
 De este resto fueron aquellos buenos israelitas que, cuando Jesús empezó su predicación del Evangelio del Reino, aceptaron sus palabras y le siguieron. Y cuantos en la primitiva Iglesia y a lo largo de toda su Historia, se han abrazado con la pobreza, para verse libres de la esclavitud del dinero y marchar sin estorbos por los caminos del mundo hacia la casa del Padre…Las que siguen: “Dichosos los sufridos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia”, vienen a ser variantes de un mismo tema…


Hermana Juana un vivo ejemplo de bienaventurada.
…A propósito de la pobreza y de los pobres que ponen su confianza en el Señor. Yo os traía hoy un mensaje. Estuve el lunes en la Sierra de Segura; apenas llegué a Cortijos Nuevos, vino a verme la hermana Juana. -Así se llaman entre ellos, hermano y hermana-. Nos conocemos de antes. Me abrazó, me  besó; yo también a ella. A la tarde fui a devolver la visita. Ella es ya anciana y lleva su pañuelo negro en la cabeza. Las ancianas de mi tierra (La Alpujarra) suelen ponerse el pañuelo de dos maneras: una, para ir de visita; otra, cuando están de faena. Juana está siempre en plan de trabajo, no tiene mucho tiempo para el descanso.
Hermana Juana tiene una hija de veintinueve años, Anita; está paralítica  y ciega. Todos los esfuerzos para curarla resultaron vanos. Atiende al mismo tiempo a su madre, Cristina, que tiene noventa y tantos años, y no puede moverse para nada. Y, por si fuera poco, un cuñado suyo anciano se quedó solo hace unos días; también está paralítico, en una silla de ruedas. Y hermana Juana se lo ha llevado a su casa para cuidarlo. Por todos los ingresos tiene unas siete mil pesetas mensuales. Menos mal que aquellos vecinos –hermano- suplen con su caridad.
Comentando con ella el cuadro, en compañía del párroco, yo le animaba a perseverar en la confianza y el amor del Señor. De pronto, se vuelve a mí, que estaba sentado junto a ella, y me dice: “Lo que yo puedo decir de verdad es que mi vida, desde que era niña, ha sido toda para Dios”. Lo decía llorando. Y pensé entonces que os debía traer este mensaje de hermana Juana...
Cuando uno se tropieza con estos con estos casos heroicos, en que el espíritu cristiano y evangélico se pone de manifiesto con toda claridad, es cuando se empieza  a entender  lo que vale tanta espiritualidad sofisticada. Y se avergüenza uno de la falta de sensatez, que caracteriza muchas de nuestras actuaciones.
Miguel Peinado.


ORACIÓN PARA EL DÍA DE TODOS LOS SANTOS
Dios todopoderoso y eterno, que nos has otorgado celebrar en una misma fiesta los méritos de todos los santos, concédenos, por esta multitud de intercesores, la deseada abundancia de tu misericordia y tu perdón.
Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


viernes, 28 de octubre de 2016

DOMINGO XXXI TIEMPO ORDINARIO (3-XI-74)
“¡Qué bien nos viene el que no nos salgan bien todas las cosas a la primera, tener que abrazarnos con la realidad cuando la vida se nos pone en contra!”

PRIMERA LECTURA
Sabiduría 11, 22-12,2

 Amas a todos los seres que has creado.
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 144
 Bendeciré tu nombre por siempre, Dios mío, mi rey

SEGUNDA LECTURA
 2 Tesalonicenses  1,11-2,2
 No os dejéis asustar por ningún mensaje espiritual,… diciendo que el día del Señor ya ha llegado.
 EVANGELIO
Lucas 19, 1-10
 Hoy ha llegado la salvación a esta casa.
            Comentario- Introducción
Hay personas que siguen buscando valores más elevados en la vida. Quizás uno se siente satisfecho solamente a medias con la clase de vida que está llevando, o se siente culpable por su modo de vida. El evangelio de hoy nos muestra a Zaqueo, un hombre pequeño, física y moralmente, que va en busca del Señor.  Para su sorpresa, Jesús adivina el hambre espiritual en el corazón de este hombre y se dirige a él. Jesús desea encontrarse con él.   Si nosotros reconocemos humildemente nuestra pequeñez, el Señor se nos revelará y se invitará a sí mismo a caminar y a quedarse con nosotros. Él nos hará grandes en amor y en bondad.
Esta homilía nos sale al encuentro, de nuevo,  con una palabra cargada de futuro: “Los tiempos reclaman otra cosa; el mundo no va ya por los caminos que nos tenía acostumbrados. Los hombres lo tienen todo y no necesitan tanto de otras ayudas. Pero siguen necesitando de la bondad de Dios, del consuelo del amor, de la paciencia del hermano.”
 S. Berdonces



HOMILIA
Un día, a propósito de cierto encuentro con un joven que era rico, Jesús manifestó delante de sus discípulos: “Yo os aseguro que difícilmente un rico entrará en el Reino de los cielos”. E insistiendo en la idea continuo: “Os lo repito, es más difícil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los cielos”.
Al oír esto los discípulos se asombraban mucho y decían: “Entonces ¿quién se podrá salvar?” Jesús, mirándolos fijamente -como quien quiere que sus palabras se graven- dijo: “Para los hombres eso es imposible, mas para Dios todo es posible (Mt 19,23-26).
Es posible que se salven los ricos; Dios no tiene acepción de personas. Claro que, para eso tienen que renunciar a sus riquezas, estar dispuestos a usarlas bien, renunciar a utilizar su poderío, dejar de hacer injusticias. Y todo esto resulta imposible para aquellos que tienen dinero. Mas, para Dios, nada hay imposible. Con su ayuda, también los ricos. Ya os dije el domingo pasado que el hombre que desprecia a otro hombre, sea quien sea, no puede ser cristiano.

  Conversión de Zaqueo
Todo es posible para Dios. Zaqueo es ejemplo de ello. Como lo es también aquel otro, que era de su misma profesión, Mateo. Publicano él metido en el negocio, aficionado al dinero…
El Imperio romano solía arrendar el cobro de los impuestos en los países dominados. Los sacaba a subasta. Había ciertas compañías arrendatarias que se quedaban con la contrata. Pagaban el fisco y, en cierto modo tenían manos libres para sacar cuanto podían. El segundo, además era jefe. El Evangelio lo presenta así: “Zaqueo, jefe de publicanos y rico”.
La palabra “publicano” era sinónimo de pecador en concepto de todos. Mas Zaqueo se convirtió. Y no de cualquier manera, sino sinceramente: “Señor, la mitad de lo que tengo lo doy a los pobres. Y, si alguno he perjudicado, le devuelvo cuatro veces más”. ¡Si tuviéramos ahora algunos ricos de estos! ¡Si hubiera entre nosotros media docena de ricos con esta capacidad de apertura…!
Nada es imposible para Dios, hermanos. Y, puesto que no despreciamos a nadie, os debo manifestar nuestra convicción pastoral respecto de los ricos y de los pobres. Pienso ahora especialmente en los hijos y en las hijas de los ricos.

Pequeño de estatura
Hay un detalle en el relato que a mí me resulta simbólico esta mañana. Dice la lectura: “Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quien era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura”.
Este es el detalle: Era bajo de estatura y por eso no alcanzaba a ver. “Corrió más adelante y se subió a una higuera para verlo, porque tenía que pasar por allí”. No todos tenemos la decisión de subir a una higuera. Los ricos, desde luego; pero también hay muchos pobres que se resisten. Nos cuesta subirnos para ver a Jesús. Quiero decir, nos cuesta ser sencillos, bajarnos, aceptar nuestra limitación, Este subir es realmente bajar y deponer nuestra suficiencia.
Tenemos aquí el más grave obstáculo para nuestra salvación. Para orar, para entendernos con Dios, lo primero de todo es deponer esa conciencia que solemos tener de nuestra propia capacidad, de nuestro valor, de nuestro poder.
El hombre moderno encuentra en esto un gran tropiezo. Los ricos tienen mayor dificultad para deponer su suficiencia, lo tienen todo a mano, cuentan con todo. El pobre, en cambio un desgraciado y necesitado de todos. En lo demás no hay gran diferencia entre unos y otros. Porque hoy todos van alcanzando conciencia de su poder.
Pero, a pesar de todo, nunca hubo mayores problemas para el hombre. Tenemos ciencia, tenemos técnica, tenemos poderío y riquezas como jamás las hubo. Y nunca nos hemos enfrentado con tantos problemas sin solución.
Experiencia interior
Dios quiere salvar también a los hombres de nuestro tiempo. Ofrece la salvación lo mismo a los ricos que a los pobres. Mas, como no solemos echar a correr para subirnos donde podamos ver a Jesús. Dios se encarga de hacernos experimentar nuestra propia limitación.
¡Cuánto bien nos hace ciertos fracasos, ciertas contradicciones y desgracias! ¡Qué bien nos viene el que no nos salgan bien todas las cosas a la primera, tener que abrazarnos con la realidad cuando la vida se nos pone en contra!
A veces, el hombre que lo tiene todo a mano, se encuentra sólo. La soledad de los enfermos y de las viudas. Los primeros días todos los visitan, todos acuden a la ayuda. Luego…Ayer lo veía yo en el cementerio con toda claridad.
Los hijos de los ricos suelen encontrarse también solos. Experimentan ellos que lo han probado todo, el vacío, la insatisfacción, la tristeza, el aburrimiento, la soledad. Con frecuencia no están contentos, caen en tristeza, se vienen al suelo.
Ante la prueba y la experiencia de la propia indigencia, el hombre puede reaccionar en direcciones opuestas: La desesperación, la soberbia, la amargura. O bien la humildad. Suele entonces  el Señor salirnos al encuentro. Por eso habría que darle gracias también por las desgracias, por las contradicciones, que nos hacen vivir nuestra impotencia e insatisfacción.



Nuestra responsabilidad
No basta, hermanos, con que el hombre experimente su limitación, su miseria, su indigencia. Para encontrarse con el Señor ha de experimentar al mismo tiempo y en ese punto la bondad de Dios. Y aquí entra nuestra responsabilidad. La de los pastores sobre todo. También la de todos y cada uno de los cristianos.
Somos instrumentos de Dios y de Jesucristo. Tenemos que estar a punto. Saber esperar la hora de la gracia, sin tratar de adelantarnos a la hora de Dios. ¡Cuánto faltamos a esto!
Ese hombre, ese muchacho, ese enfermo que se encuentra solo, que está abandonado, triste, caído, ha de experimentar la bondad del Señor para con él.  Mas para ello la bondad del Señor ha de encarnarse en una persona concreta. Cualquiera de nosotros estamos obligados a personificar junto a él esa caridad, el amor y la compresión  del Señor. De ello puede depender la salvación de ese hombre, Es grande nuestra responsabilidad.
Ahora hablamos constantemente de evangelización, de medios de comunicación de la Palabra de Dios, de instrumentos de trabajo apostólico. Acaso nos desorientamos. Los tiempos reclaman otra cosa; el mundo no va ya por los caminos que nos tenía acostumbrados. Los hombres lo tienen todo y no necesitan tanto de otras ayudas. Pero siguen necesitando de la bondad de Dios, del consuelo del amor, de la paciencia del hermano.
¡Ah! Todo ello exige precisamente que nosotros, los que estamos a la ayuda, renunciemos de antemano a nuestra suficiencia. Esa madre que lleva tanto tiempo a la carga con su hijo y nada consigue, tiene que estar convencida de que, sin Dios, no puede nada. Ese padre que se piensa que su hija ya no tiene remedio, es el que está a punto de poder entender el problema. Puede ser precisamente entonces el instrumento que Dios necesita para convertir a su hijo. Es necesario que confesemos toda nuestra limitación, nuestra impotencia. Para que reconozcamos siempre el poder de Dios.

Oración por los pastores
Con esta disposición humilde, sí. Podemos acercarnos a los hombres y estar a punto. Convencidos de que “ni el que planta, ni el que riega son algo, sino Dios que da el incremento”.
Os pido, hermanos, una oración especial por los pastores de la Iglesia, En concreto por el Obispo y por los obispos. El gran problema pastoral ha cambiado mucho en nuestro mundo. Ya los hombres no necesitan tanto de nosotros. A veces nos desprecian, nos ignoran. Y tenemos que ser cada día más humildes para renunciar a todo dominio, a todo control sobre los hombres y sobre las cosas.
Debemos aceptar, antes que nadie, nuestra impotencia para arreglar nada en la vida. Tenemos que aprender a renunciar, a quedarnos solos con Dios. Y en diálogo con Jesucristo, aprender a ser discretos, a ser sabios. Que nosotros, los pastores, probemos lo que es la comprensión, lo que es la bondad. Que acertemos a estar cerca de todos y de cada uno de vosotros – de vuestros hijos, sobre todo- para ayudaros a entenderos con Dios.


Miguel Peinado.




Oración del Domingo.
 Oh Padre misericordioso:
Tu Hijo Jesús no rechazó o condenó a marginados y pecadores.
Él compartió su mesa, como come ahora con nosotros.
En presencia de Jesús encontraron ellos el valor para levantarse y caminar derecho.
Que él nos fortalezca para caminar con él hacia los pobres, los indeseables y no queridos, los leprosos sociales, para que puedan experimentar tu bondad en nosotros y recobrar su fe en ti.
Que entonces proclamemos a los pobres tú Buena Nueva de salvación y caminemos tras las huellas.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. AMÉN.






viernes, 21 de octubre de 2016

 DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO (27-X-74)
“Cuando un hombre desprecia a otro hombre, sea quien sea, falla en lo más esencial de toda moral…No puede ser un hombre bueno”.

PRIMERA LECTURA
Eclesiástico 35,15-17.29-22
 La Oración de los humildes atraviesa las nubes
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 33
 Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha.

SEGUNDA LECTURA
 2 Tim 4,6-8. 16-18
 He combatido bien mi combate hasta el fin

EVANGELIO
Lucas 18, 9-14
 Porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.
            Comentario- Introducción
Si hoy tuviésemos que decir una palabra que defina la homilía de este domingo, tendríamos que decir que es una reflexión sobre el desprecio y los despreciados. La homilía de este domingo, se sumerge en la Historia Sagrada,  recurre a los ejemplos de David contra Goliat  y su danza delante del Arca de la Alianza, para hablar del desprecio y de los despreciados. Y llegar hasta Jesús, para hablar de la “escuela” del desprecio, donde aprende los humildes. Mirando al “Despreciado” entre los hombres.
De nuevo, llama la atención, la habilidad para traer el mensaje al pueblo que escucha a su pastor, a la sociedad en la que vive y el momento en el que la predica. Nada de estereotipos, ni clichés que pueden servir para cualquier lugar, eso sería mal lograr el mensaje. Ejemplos concretos de los trabajadores, de los enfermos en los hospitales, el desprecio que la sociedad siente por los enfermos mentales, las relaciones de los padres con los hijos,…La vida misma de cada día. Pretende ser y lo consigue, sin aspaviento, ni falso protagonismo, la voz de los que no tienen voz.
 S. Berdonces


HOMILIA
“Dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos, y despreciaban a los demás”.
Recuerdo ahora que, cuando hace tres años, pasamos por este mismo sitio, quiero decir, se leyó este mismo pasaje evangélico, cometamos lo de la seguridad. Hice algunos comentarios de la seguridad de la fe frente a otras seguridades que solemos buscarnos los hombres, incluso los piadosos. Lo recuerdo perfectamente.
Hablamos hoy del desprecio. Precisamente los hombres que se sienten seguros son los que suelen despreciar a los demás. Hablemos hoy de este tema; que también puede ser conveniente entre nosotros.

  Entre dos desprecios
A este propósito no es posible olvidar aquella frase de San Agustín, que sintetiza perfectamente la Historia de la Humanidad: “ Fecerunt itaque civitates duas amores duo…” En “La Ciudad de Dios” plantea el problema de esta forma. El ve la Humanidad dividida en dos grandes grupos o ciudades, que se van edificando. ¿Cómo y quién las edifica?
San Agustín que había experimentado en su corazón esta lucha terrible entre dos mundos y fuerzas tan contrarias, habla de dos ciudades. Una de ellas la tierra, la terrestre, como él la llama, la edifica “el amor de sí mismo, llevado hasta el desprecio de Dios”. La otra, en cambio, la celestial, es edificada por “el amor de Dios hasta el desprecio de sí”.
Veis aquí, hermanos, un desprecio y otro desprecio. Entre ellos está toda la vida de la historia del mundo. Fijaros bien en estos dos extremos: El desprecio de Dios. No se puede llegar a más. Y el desprecio de sí mismo. Los humanistas dirán que esto es inhumano. Mas, cuando nosotros hablamos del desprecio de sí, no significa el desprecio de la persona humana, sino el de todo eso que hay en nosotros mismos y es contrario a los verdaderos intereses del hombre.

El origen y los modos
Quedémonos con estos dos extremos y también con algo importante: El origen de todo desprecio está en el amor. Uno es el personaje. Todo de pende de la dirección en que se camine. Siempre el origen lo encontraremos  aquí.
Otro tema es el de los modos y maneras del desprecio. Estos son muy variados: Las burlas, las sonrisas, la indiferencia – que es la peor-, el olvido, los silencios irritantes…Hay muchas maneras de despreciar a los hombres.
Y eso sí, cuando un hombre desprecia a otro hombre, sea quien sea, falla en lo más esencial de toda moral humana y cristiana. El principio es siempre válido: Quien desprecia a otro hombre, no puede ser un hombre religioso, no puede ser bueno.
           
Los despreciados
Tal es el origen y los modos. ¿Quién es el objeto? ¿Dónde están los despreciados…?
¡Ay, amados hermanos! Cuando cada domingo, al terminar la celebración, voy besando a los niños que me salen al paso, lo hago pensando precisamente en esto. Solemos desprecias a los niños. Porque ellos no cuentan, a veces, ni para sus madres. Prefieren enviarlos a las guarderías o a las escuelas maternales, para quedarse libres. Una manera de desprecio es ésta, y muy sensible, cuando no hay verdadera necesidad de hacerlo así.
¿Quiénes son los despreciados? Los pobres, claro está, los inútiles, los ancianos, los que no sirven o no pueden dar utilidad. Como lo que domina es la preocupación por la eficacia, los que no pueden aportar, según nuestro juicio, son despreciados.
Los enfermos. Y todavía entre los enfermos hay clases. Hay clínicas y clínicas, hospitales y doctores diversos. Si queréis que descendamos a ejemplos concretos, podemos hablar. Recordemos y muy especialmente en este domingo, el desprecio de las naciones poderosas por los pueblos del tercer mundo. Esta es la gran realidad actual. Mas, como esto puede ser ya tópico, busquemos otros ejemplos más caseros.

En nuestra ciudad
Vengamos a nuestra misma ciudad de Jaén, en la que hay empleados de muchas clases. Ahí están por ejemplo los barrenderos, los empleados de la limpieza pública. ¿Habrá personas como estas a las que todos debamos estar más agradecidos? ¿Qué aprecio tenemos de ellos? Sólo pretendo que reflexionemos todos. No trato de acusar, ni denunciar proféticamente. Cuando sea necesario lo haré; ahora solo hago una consideración.
También andan por ahí los empleados del servicio de incendios, los bedeles, los porteros, las ordenanzas de las oficinas públicas.
En Jaén tenemos varios hospitales: “El Neveral”, el “Princesa de España”, “El clínico”, “Los Prados”. ¿Qué enfermos son los más apreciados y cuáles los despreciados…? También es esto sin pretender entrar en el problema, sin decir lo que se puede o no se puede hacer, porque yo no lo sé. Pero se, por ejemplo que los que se consideran locos, los anormales, no tienen seguro de enfermedad. ¿Por qué?
Vuelvo a repetiros que no es mi ánimo acusar. Sólo quiero ofreceros un baremo válido para medir la cultura, el nivel humano, la justicia, el espíritu cristiano de la sociedad en la que vivimos. Yo no sé si es o no es remediable el problema. Mas debo decir también que esos enfermos de “Los Prados”, en bastantes casos está despreciados y olvidados hasta por sus mismos familiares. Y esto no debe ser así.



Antes de llegar hasta Dios
Y es que, cuando se va en esta dirección, antes de llegar al desprecio de Dios, ya hemos pisoteado y despreciado a muchos hermanos, empezando por los que están más cerca de nosotros: Al padre, a la mujer, al hijo, al amigo, al vecino…Y, como el amor así mismo no se detiene, ya no para hasta llegar al desprecio de Dios, o al menos a olvidarlo.
Pero hay algo más irritante aun. Se trata del desprecio por motivos religiosos. El desprecio para lo que, según mi criterio, no son buenos, los que no van a Misa, los que no pertenecen a mi grupo religioso, a mi asociación, a mi congregación, sino a la de enfrente. Los que pertenecen a otras religiones: Los Testigos de Jehová y de ahí en adelante.
También están las mujeres de mala vida, los jóvenes que se portan mal y son rebeldes y viciosos…¡El desprecio, el desprecio para con los pecadores!. Aquí ya nos vamos acercando al mismo Jesucristo, que ha dicho: “El que desprecia a uno de estos, me desprecia a mi”.
Es seria esta lección, hermanos. A todos nos viene bien, a todos nos puede hacer reflexionar seriamente.

Un despreciado
Voy a recordaros a un despreciado notable: David. Cuando era todavía un muchacho rubio y apuesto, pastorcillo él, fue a ver a sus hermanos que estaban en “la mili”. Allí se encontró con Goliat y se ofreció a pelear con el filisteo. La Escritura tiene una frase significativa. Cuando salieron al encuentro el uno del otro, dice el texto: “Volvió los ojos el filisteo, y viendo a David lo despreció, porque era un muchacho…”
No fue sólo Goliat. También lo despreció su propia mujer, cuando David hizo el traslado del Arca a la ciudad, siendo ya rey de Israel. Entraban en la ciudad, su mujer estaba mirando por la ventana y le vio danzar lleno de júbilo delante del arca, en medio de la comitiva. Y Mikal “lo despreció en su corazón”. Luego, en el encuentro, ella se lo echaba en cara y David respondió: “En presencia de Yavhé danzo yo y danzaré…Y me haré más vil todavía; seré vil a tus ojos pero seré honrado ante esas criadas de que hablas”.
El relato termina con otra frase significativa: “Y Mikal, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte” (2 Sam 6). Y es que el desprecio se paga con la infecundidad. El hombre que desprecia a su hermano ha perdido toda eficacia en la presencia de Dios.

Siervo de Yahvé
Más desprecios aún hubo de soportar Jesús por causa de todos nosotros. Despreciado por Herodes, que se burló de Él. Despreciado por la chusma de los verdugos que le azotaron; objeto de injurias por parte de los soldados, de los príncipes de los sacerdotes y de todo el pueblo. “Despreciado y desecho de los hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias” (Is 53).
Este Siervo, Jesús, aceptó todos los desprecios con generosidad de corazón porque estaba educado en la escuela de aquella que pudo decir: “Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”.
Volviendo ahora hacia nosotros mismos, tendríamos que decir: Aceptemos los desprecios a semejanza de Jesucristo.
¡Gran escuela es ésta del desprecio, para madurar en todos los sentidos! Sobre todo, para alcanzar la perfección cristiana. ¡Gran camino éste, hermanos! Para identificarnos con Jesucristo y alcanzar la predilección de Dios.
Miguel, Obispo de Jaén.


Oración del Domingo.
 Señor Dios nuestro:       
Nos damos cuenta de que somos pecadores, constantemente necesitados de tu misericordia.
En la pobreza de nuestros corazones te damos gracias por habernos permitido tomar parte en el banquete de Jesús, a pesar de nuestra poca fe y de nuestro tibio amor.
Continúa aceptándonos tal como somos, ayúdanos a ser y a obrar mejor, y recibe nuestra sincera acción de gracias por todo el bien que has hecho en favor nuestro  y de nuestros hermanos.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. AMÉN.



 DOMINGO XXX TIEMPO ORDINARIO (27-X-74)
“Cuando un hombre desprecia a otro hombre, sea quien sea, falla en lo más esencial de toda moral…No puede ser un hombre bueno”.

PRIMERA LECTURA
Eclesiástico 35,15-17.29-22
 La Oración de los humildes atraviesa las nubes
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 33
 Si el afligido invoca al Señor, Él lo escucha.

SEGUNDA LECTURA
 2 Tim 4,6-8. 16-18
 He combatido bien mi combate hasta el fin

EVANGELIO
Lucas 18, 9-14
 Porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido.
            Comentario- Introducción
Si hoy tuviésemos que decir una palabra que defina la homilía de este domingo, tendríamos que decir que es una reflexión sobre el desprecio y los despreciados. La homilía de este domingo, se sumerge en la Historia Sagrada,  recurre a los ejemplos de David contra Goliat  y su danza delante del Arca de la Alianza, para hablar del desprecio y de los despreciados. Y llegar hasta Jesús, para hablar de la “escuela” del desprecio, donde aprende los humildes. Mirando al “Despreciado” entre los hombres.
De nuevo, llama la atención, la habilidad para traer el mensaje al pueblo que escucha a su pastor, a la sociedad en la que vive y el momento en el que la predica. Nada de estereotipos, ni clichés que pueden servir para cualquier lugar, eso sería mal lograr el mensaje. Ejemplos concretos de los trabajadores, de los enfermos en los hospitales, el desprecio que la sociedad siente por los enfermos mentales, las relaciones de los padres con los hijos,…La vida misma de cada día. Pretende ser y lo consigue, sin aspaviento, ni falso protagonismo, la voz de los que no tienen voz.
 S. Berdonces


HOMILIA
“Dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos, y despreciaban a los demás”.
Recuerdo ahora que, cuando hace tres años, pasamos por este mismo sitio, quiero decir, se leyó este mismo pasaje evangélico, cometamos lo de la seguridad. Hice algunos comentarios de la seguridad de la fe frente a otras seguridades que solemos buscarnos los hombres, incluso los piadosos. Lo recuerdo perfectamente.
Hablamos hoy del desprecio. Precisamente los hombres que se sienten seguros son los que suelen despreciar a los demás. Hablemos hoy de este tema; que también puede ser conveniente entre nosotros.

  Entre dos desprecios
A este propósito no es posible olvidar aquella frase de San Agustín, que sintetiza perfectamente la Historia de la Humanidad: “ Fecerunt itaque civitates duas amores duo…” En “La Ciudad de Dios” plantea el problema de esta forma. El ve la Humanidad dividida en dos grandes grupos o ciudades, que se van edificando. ¿Cómo y quién las edifica?
San Agustín que había experimentado en su corazón esta lucha terrible entre dos mundos y fuerzas tan contrarias, habla de dos ciudades. Una de ellas la tierra, la terrestre, como él la llama, la edifica “el amor de sí mismo, llevado hasta el desprecio de Dios”. La otra, en cambio, la celestial, es edificada por “el amor de Dios hasta el desprecio de sí”.
Veis aquí, hermanos, un desprecio y otro desprecio. Entre ellos está toda la vida de la historia del mundo. Fijaros bien en estos dos extremos: El desprecio de Dios. No se puede llegar a más. Y el desprecio de sí mismo. Los humanistas dirán que esto es inhumano. Mas, cuando nosotros hablamos del desprecio de sí, no significa el desprecio de la persona humana, sino el de todo eso que hay en nosotros mismos y es contrario a los verdaderos intereses del hombre.

El origen y los modos
Quedémonos con estos dos extremos y también con algo importante: El origen de todo desprecio está en el amor. Uno es el personaje. Todo de pende de la dirección en que se camine. Siempre el origen lo encontraremos  aquí.
Otro tema es el de los modos y maneras del desprecio. Estos son muy variados: Las burlas, las sonrisas, la indiferencia – que es la peor-, el olvido, los silencios irritantes…Hay muchas maneras de despreciar a los hombres.
Y eso sí, cuando un hombre desprecia a otro hombre, sea quien sea, falla en lo más esencial de toda moral humana y cristiana. El principio es siempre válido: Quien desprecia a otro hombre, no puede ser un hombre religioso, no puede ser bueno.
           
Los despreciados
Tal es el origen y los modos. ¿Quién es el objeto? ¿Dónde están los despreciados…?
¡Ay, amados hermanos! Cuando cada domingo, al terminar la celebración, voy besando a los niños que me salen al paso, lo hago pensando precisamente en esto. Solemos desprecias a los niños. Porque ellos no cuentan, a veces, ni para sus madres. Prefieren enviarlos a las guarderías o a las escuelas maternales, para quedarse libres. Una manera de desprecio es ésta, y muy sensible, cuando no hay verdadera necesidad de hacerlo así.
¿Quiénes son los despreciados? Los pobres, claro está, los inútiles, los ancianos, los que no sirven o no pueden dar utilidad. Como lo que domina es la preocupación por la eficacia, los que no pueden aportar, según nuestro juicio, son despreciados.
Los enfermos. Y todavía entre los enfermos hay clases. Hay clínicas y clínicas, hospitales y doctores diversos. Si queréis que descendamos a ejemplos concretos, podemos hablar. Recordemos y muy especialmente en este domingo, el desprecio de las naciones poderosas por los pueblos del tercer mundo. Esta es la gran realidad actual. Mas, como esto puede ser ya tópico, busquemos otros ejemplos más caseros.

En nuestra ciudad
Vengamos a nuestra misma ciudad de Jaén, en la que hay empleados de muchas clases. Ahí están por ejemplo los barrenderos, los empleados de la limpieza pública. ¿Habrá personas como estas a las que todos debamos estar más agradecidos? ¿Qué aprecio tenemos de ellos? Sólo pretendo que reflexionemos todos. No trato de acusar, ni denunciar proféticamente. Cuando sea necesario lo haré; ahora solo hago una consideración.
También andan por ahí los empleados del servicio de incendios, los bedeles, los porteros, las ordenanzas de las oficinas públicas.
En Jaén tenemos varios hospitales: “El Neveral”, el “Princesa de España”, “El clínico”, “Los Prados”. ¿Qué enfermos son los más apreciados y cuáles los despreciados…? También es esto sin pretender entrar en el problema, sin decir lo que se puede o no se puede hacer, porque yo no lo sé. Pero se, por ejemplo que los que se consideran locos, los anormales, no tienen seguro de enfermedad. ¿Por qué?
Vuelvo a repetiros que no es mi ánimo acusar. Sólo quiero ofreceros un baremo válido para medir la cultura, el nivel humano, la justicia, el espíritu cristiano de la sociedad en la que vivimos. Yo no sé si es o no es remediable el problema. Mas debo decir también que esos enfermos de “Los Prados”, en bastantes casos está despreciados y olvidados hasta por sus mismos familiares. Y esto no debe ser así.



Antes de llegar hasta Dios
Y es que, cuando se va en esta dirección, antes de llegar al desprecio de Dios, ya hemos pisoteado y despreciado a muchos hermanos, empezando por los que están más cerca de nosotros: Al padre, a la mujer, al hijo, al amigo, al vecino…Y, como el amor así mismo no se detiene, ya no para hasta llegar al desprecio de Dios, o al menos a olvidarlo.
Pero hay algo más irritante aun. Se trata del desprecio por motivos religiosos. El desprecio para lo que, según mi criterio, no son buenos, los que no van a Misa, los que no pertenecen a mi grupo religioso, a mi asociación, a mi congregación, sino a la de enfrente. Los que pertenecen a otras religiones: Los Testigos de Jehová y de ahí en adelante.
También están las mujeres de mala vida, los jóvenes que se portan mal y son rebeldes y viciosos…¡El desprecio, el desprecio para con los pecadores!. Aquí ya nos vamos acercando al mismo Jesucristo, que ha dicho: “El que desprecia a uno de estos, me desprecia a mi”.
Es seria esta lección, hermanos. A todos nos viene bien, a todos nos puede hacer reflexionar seriamente.

Un despreciado
Voy a recordaros a un despreciado notable: David. Cuando era todavía un muchacho rubio y apuesto, pastorcillo él, fue a ver a sus hermanos que estaban en “la mili”. Allí se encontró con Goliat y se ofreció a pelear con el filisteo. La Escritura tiene una frase significativa. Cuando salieron al encuentro el uno del otro, dice el texto: “Volvió los ojos el filisteo, y viendo a David lo despreció, porque era un muchacho…”
No fue sólo Goliat. También lo despreció su propia mujer, cuando David hizo el traslado del Arca a la ciudad, siendo ya rey de Israel. Entraban en la ciudad, su mujer estaba mirando por la ventana y le vio danzar lleno de júbilo delante del arca, en medio de la comitiva. Y Mikal “lo despreció en su corazón”. Luego, en el encuentro, ella se lo echaba en cara y David respondió: “En presencia de Yavhé danzo yo y danzaré…Y me haré más vil todavía; seré vil a tus ojos pero seré honrado ante esas criadas de que hablas”.
El relato termina con otra frase significativa: “Y Mikal, hija de Saúl, no tuvo ya hijos hasta el día de su muerte” (2 Sam 6). Y es que el desprecio se paga con la infecundidad. El hombre que desprecia a su hermano ha perdido toda eficacia en la presencia de Dios.

Siervo de Yahvé
Más desprecios aún hubo de soportar Jesús por causa de todos nosotros. Despreciado por Herodes, que se burló de Él. Despreciado por la chusma de los verdugos que le azotaron; objeto de injurias por parte de los soldados, de los príncipes de los sacerdotes y de todo el pueblo. “Despreciado y desecho de los hombres, varón de dolores y sabedor de dolencias” (Is 53).
Este Siervo, Jesús, aceptó todos los desprecios con generosidad de corazón porque estaba educado en la escuela de aquella que pudo decir: “Proclama mi alma la grandeza del Señor y se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”.
Volviendo ahora hacia nosotros mismos, tendríamos que decir: Aceptemos los desprecios a semejanza de Jesucristo.
¡Gran escuela es ésta del desprecio, para madurar en todos los sentidos! Sobre todo, para alcanzar la perfección cristiana. ¡Gran camino éste, hermanos! Para identificarnos con Jesucristo y alcanzar la predilección de Dios.
Miguel, Obispo de Jaén.


Oración del Domingo.
 Señor Dios nuestro:       
Nos damos cuenta de que somos pecadores, constantemente necesitados de tu misericordia.
En la pobreza de nuestros corazones te damos gracias por habernos permitido tomar parte en el banquete de Jesús, a pesar de nuestra poca fe y de nuestro tibio amor.
Continúa aceptándonos tal como somos, ayúdanos a ser y a obrar mejor, y recibe nuestra sincera acción de gracias por todo el bien que has hecho en favor nuestro  y de nuestros hermanos.
Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. AMÉN.



miércoles, 19 de octubre de 2016

EXPOSICIÓN DE LA FE CRISTIANA
PRESENTACIÓN

En este apartado que hacemos en Tabor, vamos a tener como referente, el libro que publicó don Miguel, Exposición de la fe Cristiana 1 . No vamos a  reproducir todo cuanto en él se trata, eso ya está impreso,  sino aportando breves catequesis y reflexiones de cada uno de los temas de este libro. Esta publicación, que vino a ser la base de la formación de muchos catequistas y primera lección de los que iniciaban sus estudios en el Seminario de Jaén desde el año 1976 en adelante.
Según afirma en la presentación el profesor J. Martín Palma:
2 "El libro, del que estas líneas quieren ser una modesta presentación, ha conseguido, a nuestro entender, plenamente el objetivo. La razón no es otra que su prehistoria. Los temas han sido pensados y elaborados por su autor desde una ininterrumpida actividad pastoral, primeramente como párroco y después como obispo. La praxis ha corregido en todo momento los posibles excesos de una exposición teorizante. Conscientemente y no sin trabajo, se ha evitado en academicismo. Ni exégesis científica, ni conceptualización teológica, ni terminología técnica. Dejar hablar directamente a la palabra de Dios, y, para ello, utilización masiva de los dos lugares que contienen y la explican: Escritura y Magisterio”.
El libro no pretende hacer teología académica, opta por algo más sencillo y arriesgado al mismo tiempo, como es hacer catequesis, tarea esta en la que se vuelca don Miguel a lo largo de toda su vida sacerdotal y episcopal. Deja de un lado el “lucimiento” de la elucubración teológica para llevar y ayudar a cuantos van a ser agentes de evangelización. Esta publicación nace de las lecciones que él mismo imparte en la Escuela de Catequistas que crea en el curso 1973-74, al poco tiempo de ser Obispo de Jaén. Intenta dar logros y conquistas en sus enseñanzas, en el terreno de la reflexión creyente y dejar que los teólogos descubran nuevos horizontes.
Como el libro está abierto al método que se considere oportuno aplicar en la distintas circunstancias, nosotros vamos a trabajar lo grandes núcleos de las cinco partes en las que está dividido: El designio eterno de salvación, promesa y preparación, la realización, la aplicación y la consumación de los tiempos. Por lo tanto intentaremos , con el presente trabajo, con toda humildad, llevar a cuantos así quieran a  la zona de la fe, que parece oscurecida por momentos, por el pluralismo teológico por un lado y por la secularización de la sociedad por otro. Lo cual y por este medio se pretende llegar a cuantos lectores estén interesados en encontrarse con la raíz más profunda de nuestra fe, comenzando y teniendo siempre como telón de fondo la Historia de la Salvación.  "Historia" esta que no deja de atraer la atención hoy día, tanto en la literatura, en el cine, el nuevo arte etc…No es algo caduco sino que continua suscitando apasionantes “historias” que interesan a muchos.
Recomendamos seguir la lectura de este libro, este trabajo no suplanta nada, la obra que tomamos como referente sino que aplica la misma a los nuevos tiempos. Sabiendo que con ella,don Miguel se adelantaba a su tiempo en la formación de catequistas y quienes iban a ser sus colaboradores directos en la evangelización, los sacerdotes y diáconos. Como en la propia presentación del libro se afirma: “Es posible que sea demasiado pronto para un libro que tiene más de futuro incipiente que de presente caduco”. Creo que ese momento de presente, ha llegado, que estamos en el momento, justo cuarenta años después de la publicación de este libro.
Tal vez y llevado por un compromiso personal, ahora toque hacerlo más extensible y no sólo para los agentes de evangelización. Sino que, por medio de los nuevos medios de comunicación como es este, hacer llegar a más creyentes o no, que quieran buscar de manera sencilla el principio de la fe cristiana. Para estar preparados, “Dispuestos siempre a dar razón de vuestra esperanza a todo quien os pida una explicación” ( 1Pe 3,15  ).
Así lo pide el momento actual en la la Iglesia, hay infinidad de pruebas que ese momento futuro es el presente de ahora.
 El Atrio de los Gentiles, inaugurado el 24 de marzo de 2011 en París, es un espacio novedoso para el diálogo fe – cultura, una iniciativa impulsada por Benedicto XVI que nace con vocación de perdurar en el tiempo. La experiencia ha sido especialmente relevante para la Iglesia del siglo veintiuno que busca caminos de encuentro con el hombre contemporáneo.
Nuestro mundo se ha convertido en un gran atrio de los gentiles. No menor que a los que se dirige Pablo y donde Pedro da “razón de su esperanza”, la metáfora del diálogo con los no creyentes, nuestras calles y plazas son hoy una gran encrucijada en la que los cristianos estamos llamados a dar razón de nuestra esperanza. Sin parapetos. Sin fundamentalismos. Sólo con la audacia de la fe que busca nuevos espacios para re-proponerse con humildad y en libertad. Evangelizar desde los niveles y en las nuevas tecnologías es tal vez donde se da cita en un número desmedido ese atrio de gentiles del siglo XXI. Ahí, con toda humildad y aportando este grano de arena, queremos llegar.

  1 Exposición de la fe Cristiana. M. Peinado. BAC. Madrid 1975.
  2 O. cit. Pág. 12.