DOMINGO I DE CUARESMA
DIA 5 DE MARZO.
“Cuando un hombre ha puesto a Dios en
el centro de su vida…el amor echa fuera el temor”
PRIMERA LECTURA
Génesis 2,
7-9; 3, 1-7
Entonces se les abrieron los ojos
a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos.
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 50
Misericordia, Señor, hemos pecado.
SEGUNDA
LECTURA
Romanos 5, 12-19
Donde
abundó el pecado, sobreabundó la gracia.
EVANGELIO
Mateo 4, 1-11
En aquel
tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado.
Comentario- Introducción
La creación, el lugar privilegiado
del hombre y el pecado, todo transcurre en un mismo escenario, todo tiene lugar
en lo más profundo del corazón del hombre.
Nos relata la homilía de este primer domingo
de cuaresma la actitud del Jesús, contraponiéndola a la de Adán y Eva, actitud
que ha de ser también la del cristiano. La plena confianza en Dios. Sabiendo
que Él educa en el desierto, es decir en la dificultad, en el olvido de los que
más queremos, en el silencio, en el desprecio, en la enfermedad…” cuando se ha
decidido a abrazarse con las humillaciones y la pobreza, “el amor echa fuera el
temor”, para manifestarse con toda su fuerza y belleza, en aras del Reino de
Dios”.
S. Berdonces
HOMILIA
Imaginamos a un niño de
tres años sin padre ni madre, sin hermanos, en un mundo sin compasión para su
desgracia; abandonado a su soledad, expuesto a todas las inclemencias y
peligros, hambriento, desnudo …Tal es y, sin comparación, mucho mayor la
desgracia la situación del hombre si Dios. Todavía el niño no tiene culpa de
sus males, el hombre que conscientemente prescinde de Dios, sí.
El olvido de Dios es el
mayor de todos los pecados, la más lamentable de todas las miserias, la raíz
primera de todas las injusticias. Porque el hombre, “creado por Dios por amor,
debe su conservación a ese mismo amor, y
no vive de verdad si no reconoce libremente ese amor y esa entrega a su
Creador” (GS 19).
La frase con que termina
la primera lectura de hoy es genial. Cuenta el amor del relato del pecado
primero, la conducta del varón y de la mujer frente al mandato divino. Y añade: “Entonces se les abrieron
los ojos a los dos y se dieron cuenta de que estaban desnudos” (Gen 3,7). No se
podía pintar con mayor realismo, en la ingenuidad del lenguaje primitivo, la
miseria interior y exterior del hombre, una vez rota por el pecado la amistad
que Dios le ofrecía.
Formas varias de ateísmo.
“El ateísmo es uno de los
fenómenos más graves de nuestro tiempo y debe ser sometido a un examen especialmente atento” (GS). Así lo
declararon los padres del Concilio Vaticano II. Y añadieron: “Con la palabra
ateísmo se designan fenómenos de muy diversa índole”.
Efectivamente, son muy variadas las formas en que se manifiesta
actualmente este mal. Desde aquellos que niegan abiertamente la existencia de
Dios, hasta los que, con afectada indiferencia, escriben en el colmo de la
pedantería: “Si Dios existe, ése es su problema”. Desde cuantos han perdido
todo el interés por lo religioso, hasta planifican campañas satánicas para
arrancar la idea de Dios del corazón de los niños y adolescentes. Desde los que
se confiesa creyentes, pero no se acuerdan de Dios más que en determinadas
ocasiones y con determinado interés. Hasta los piadosos que, en sus relaciones
con el mundo, dejan a un lado la verdad de Dios y las exigencias de su
justicia.
Son así mismo varias las
causas que influyen en la génesis del ateísmo. “Sin duda –advierten los
pastores- no están libres de culpa los que se esfuerzan por alejar a Dios de su
corazón y evitar la problemática religiosa, porque no siguen el dictamen de su
conciencia; pero los mismos creyentes, con frecuencia, tienen en esto su parte
de responsabilidad…en vez de revelar el rostro auténtico de Dios y de la
religión, más bien lo velan” (GS 19).
Reconozcamos, hermanos,
que, de alguna forma, todos entramos a la parte en esta epidemia general, que
es el ateísmo contemporáneo. Y es precisamente éste nuestro gran pecado.
Modelo de hombre
Par remediar la probable
dosis de ateísmo que puede haber en cada uno de nosotros, para llenar nuestros
vacíos de Dios y convertir nuestra vida en valioso testimonio de fe cristiana,
la Madre Iglesia nos invita a entrar generosamente por los caminos austeros y
luminosos de la Cuaresma.
Y, como realidad el único
camino es Jesucristo, ya donde la primera escena que inicia el drama de su vida
pública, nos presenta su figura en la soledad del desierto, la estampa cumplida
del más sano humanismo. Acepta la prueba en el momento de iniciar la misión
entre los hombres. “En aquel tiempo, dice el Evangelio, Jesús fue llevado por
el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Se le acercó el
tentador y le dijo: “Si eres el Hijo de Dios…” Podríamos detenernos con
provecho en las consideraciones de estas tentaciones, tal como fueron puestas a
Jesús. Los comentaristas coinciden en afirmar que fueron el intento, hecho con
toda astucia, de meter a Jesús, el nuevo profeta, por los caminos de un
mesianismo político de acuerdo con la mentalidad judía de su tiempo; tan de
actualidad en los diversos grupos de nuestro seno de la Iglesia. Pero creo más
útil ahora contemplar la figura de Jesús a la luz de sus respuestas.
Las respuestas
Le dijo el tentador: “Si eres Hijo de
Dios, di que estas piedras se conviertan en panes”. Respuesta de Jesús: “Está
escrito: No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la
boca de Dios”. Jesús se remite con absoluta y total confianza providencia del
padre celestial, que sabe alimentar a sus hijos aún en el desierto. Sus
palabras evocan una larga historia: la que Israel, que salió de la esclavitud
de Egipto y, precisamente en el desierto, fue educado por Dios para la
confianza y la fidelidad. Aunque luego fuera infiel a su a Alianza.
Judío cien por cien, hombre que
siente hambre al cabo de un largo ayuno de cuarenta días con sus cuarenta
noches, la actitud de Jesús se nos muestra aquí perfectamente centrado en Dios.
Con ella quedan curadas todas las infidelidades, todas las apostasías de
Israel. La Historia del Pueblo de Israel en el antiguo Testamento culmina en su
respuesta.
“Tírate de aquí abajo…” También está
escrito: No tentarás al Señor tu Dios. En esta otra respuesta se pone de
manifiesto la inefable serenidad de alma de Jesús, su noble firmeza, su
profunda serenidad ante la vida. Él es consciente de su misión y de la actitud
que corresponde al hombre en sus relaciones con Dios. Nada de soluciones
fáciles, nada de ligerezas, nada de eludir la propia responsabilidad ante las
situaciones duras, cuando anda por media la santa voluntad del padre y el
respeto a sus planes de salvación.
Los hombres solemos meternos
alegremente por los caminos del protagonismo político y religioso. Jesús,
jamás.
Reacción del amor
Y llegamos al salto definitivo. Dios
lo es todo para Jesús. El diablo le muestra todos los reinos del mundo con todo
su esplendor y le dice: “Todo esto te
daré…” la reacción surge rapidísima: “Vete, Satanás, que está escrito: Al Señor
tu Dios adorarás y solo a Él darás culto”. Es la reacción del amor, en sus más
vivos reflejos, frente al intento de separarlo de la persona amada; en este
caso, “el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”.
Cuando un hombre ha puesto a Dios en
el centro de su vida y, para ello, ha renunciado a todas sus ventajas; cuando
prefiere la libertad de los hijos de Dios a todas sus marrullerías, a los servilismos,
a las estratagemas que suelen organizarse en las trastiendas del mundo; cuando
se ha decidido a abrazarse con las humillaciones y la pobreza, “el amor echa
fuera el temor”, para manifestarse con toda su fuerza y belleza, en aras del
Reino de Dios.
Jesús ha vencido al enemigo en toda
su línea; está dispuesto a realizar en el mundo la misión que le ha encomendado
el padre en beneficio de todos sus hermanos. Ahí queda en alto su ejemplo de
religiosidad y limpieza, a vista de corazones sencillos, de corazones
valientes, de espíritus nobles y generosos.
Hermanos queridos: Que este ejemplo
nos lleve hacia una conversión sincera del nuestro; sea medicina que cure
nuestro ateísmo y nuestros olvidos. Así, iluminados por el Evangelio, nos
podremos en pie cada día cada mañana para empezar nuestra jornada con esta
confesión: “Creo en Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la
tierra…” Centrados así en Jesucristo en Dios, podemos lanzarnos con Él, cada
día, a las santas, silenciosas y nobles batallas del amor.
† Miguel Peinado.
Que fue Obispo de Jaén
ORACIÓN
DEL DÍA
Oremos unos por otros, con la oración que Jesús nos enseñó, para que,
participando de la victoria de Cristo, sepamos abrir nuestras puertas a los
débiles y a los pobres. Entonces viviremos y daremos un testimonio pleno de la
alegría de la Pascua. (Papa Francisco. Cuaresma 2017)

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