DOMINGO II DE CUAREMA
DIA 12 DE MARZO.
“La cruz es el camino de la gloria”
PRIMERA LECTURA
Génesis 12, 1-4
Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 32
Que tu
misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
SEGUNDA
LECTURA
2 Timoteo 1,8-10
Toma parte en los duros
trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios.
EVANGELIO
Mateo 17, 1-9
Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su
hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta.
Comentario-
Introducción
Vamos caminando con Jesús hacia
Jerusalén y en medio, este segundo domingo, llegamos el monte Tabor. Hoy los relatos bíblicos se
fijan en la “gloria” de Dios que se manifiesta en la creación, en el don de la
vida cristiana, en la transfiguración. Todo lo de este domingo es una imagen, como un
signo que nos traslada a la verdadera gloria
de Dios es en la persona de Cristo, resplandor de la gloria del Padre, que un
día al final de los tiempos, vendrá con gloria y majestad a juzgar y salvar. La
gran catequesis de la homilía de este domingo es que Cristo ha ascendido a la
gloria de los cielos, donde vive glorificado, después de la pasión. Por eso el
monte Tabor es la premonición del nuevo Sinaí. Pero el monte de la
Transfiguración hace referencia también al Calvario. Son dos cimas de
glorificación, a las que hay que ascender. Quien quiera contemplar, como Pedro,
Santiago y Juan, la gloria de Dios, tiene que subir como Cristo al Calvario de
la fidelidad y de la entrega.
No cabe duda, la cruz es el camino de
la gloria para el cristiano, que conduce a la gloria de la resurrección.
S. Berdonces
HOMILIA
“Dios amó al mundo de tal
manera, que entregó a su Hijo Unigénito, para que el que cree en él no perezca,
sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16).
La fe cristiana, queridos
hermanos es un don sobrenatural y enteramente gratuito de Dios; pero exige de
nosotros apertura de corazón para aceptar sin condiciones su Palabra. Y esa apertura
– reconozcámoslo- tropieza en nosotros con serias dificultades.
La Cuaresma está
encaminada a ayudarnos a superar esas dificultades, de manera que,
compenetrados en todo con Jesucristo, vivimos plenamente la vida cristiana. El
misterio de la Transfiguración del Señor, en un momento crucial de su
ministerio profético, nos ayuda a ver cómo, en el caso de los primeros
discípulos, el Señor les ayudó a superarlas y a compenetrarse con el Maestro.
Doble tropiezo para la fe
Si leemos con atención
los Evangelios, nos daremos cuenta de que los primeros discípulos de
Jesucristo, en concreto los Doce, hubieron que recorrer con su Maestro un largo
camino hasta llegar a penetrar en el misterio de su persona. Frente a la
oposición sistemática de los escribas y fariseos, que eran la parte más
observante de la Ley, dirigentes del pueblo judío, y a la veleidad y distintas
opiniones de la gente, ellos llegaron a la convicción de que Jesús no sólo era
un profeta, sino el Mesías enviado por Dios para obrar la salvación.
Seis días hacía tan solo
que, en Cesarea de Filipo, estando a solas con sus discípulos, abordó con ellos
este tema fundamental para la fe cristiana. Después de oír de sus labios las
diferentes opiniones acerca de su persona, les hizo esta pregunta: “Y vosotros,
¿quién decís que soy yo?” Fue Simón Pedro quien se adelantó a responder: “Tu
eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo” (Mt 16, 13-16).
Era un primer paso. Había
que afianzar esta convicción para seguir adelante. A partir de entonces Jesús
empezó a revelarles cuál era en concreto el plan de Dios para que el Mesías
llevara a cabo la obra de la salvación: su pasión y muerte en cruz, seguida de
la resurrección. Pero esto ya era
demasiado para la fe incipiente de aquellos... Su formación religiosa no resistía la grandeza del misterio. Y niño el
rechazo, empezando por el mismo Pedro, que trató de disuadir a Jesús. Ellos
aceptaban, sí, a Jesucristo como Mesías verdadero; pero no podían aceptar que la
salvación de Dios hubiera de realizarse por medio de la muerte y de la cruz.
Rechazaban que, precisamente su Maestro, hubiera de triunfar de todos sus
enemigos con su muerte, para darnos la vida.
El testimonio de Dios
¿Cómo se venció aquella resistencia?...Fue
entonces cuando “Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y
se los llevó aparte a una montaña alta” (Mt 7, 1-9) Y, mientras oraba, “se
transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol y sus
vestiduras se volvieron blancas como la luz. Y se les aparecieron Moisés y
Elías conversando con Él”.
Moisés y Elías, la Ley y
los Profetas, sintetizaban toda la historia de Israel. Junto a Jesucristo
transfigurado, venían a ser para aquellos tres discípulos, admirados de la
gloria de Dios en Jesucristo, testimonio de que el Maestro era el enviado de
Dios, para realizar la obra de la salvación. Ellos, educados en la mentalidad judía,
podían entender el alcance de la presencia de aquellos dos personajes gloriosos
junto a Jesucristo.
Pero hubo más: una vez
que Pedro mostró su entusiasmo y su deseo de quedarse en aquella montaña para
siempre, Dios mismo habló desde el cielo. “Todavía estaba hablando Pedro,
cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra. Y una voz desde la nube
decía: “Este mi hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadle”.
Con lo primero, el Padre
confirmaba la fe de Pedro manifestada en su confesión reciente en Cesarea de
Filipo. Y llevaba a plena luz el misterio de la persona de Jesús: “Este es mi Hijo”.
Con lo segundo, salía al paso de la dificultad para aceptar el plan salvador de
Dios, tal como Jesús lo había revelado en aquellos días. “Escuchadle”. No rechacéis
sus palabras, aceptadlas sin miedo. Aunque, para vosotros resulte difícil
entenderlo, la cruz y la muerte de mi Hijo son el camino para la felicidad y la
vida.
Testigos de su gloria.
Hermanos:
Dios acude siempre en nuestra ayuda para que podamos superar todas las
dificultades que la fe debe vencer. En este caso, además, quiso confortar a los
tres discípulos con la visión anticipada de la gloria de la resurrección. Puso
ante sus ojos la realidad de esa gloria, en
la participaremos, en virtud de su muerte y resurrección, cuantos
aceptemos sinceramente a Jesucristo y nos compenetremos con él.
Pedro, Santiago y Juan habían de ser
testigos privilegiados de todo ello, una vez que el plan de la redención se
realizara en todos sus puntos. De momento deberían guardar silencio. Así se lo
dijo Jesús al najar de la montaña. Pero ya, desde ahora, estarán preparados
para superar la prueba de la cruz y poder proclamar el
Evangelio de la salvación de Dios, frente a las opiniones y a toda la oposición del mundo.
Evangelio de la salvación de Dios, frente a las opiniones y a toda la oposición del mundo.
Cuando, más tarde, Pedro quiera
confirmar la fe de los primeros cristianos con su segunda Carta, les hablará de
la gloria de Jesucristo, diciéndoles como él había sido testigo presencial de
su grandeza: “Él recibió de Dios – les decía- honra y gloria- cuando, desde la
sublime gloria, le llegó aquella voz singular: “Este es mi Hijo, a quien yo
quiero, mi predilecto... Esta voz la oímos nosotros, estamos con él en la
montaña sagrada” (2 Pe 1, 16-18). El recuerdo de la transfiguración había
quedado grabado en su corazón para siempre.
Testigos valientes del Evangelio,
aquellos discípulos acabarían por aceptar con todas sus consecuencias el plan
salvador de Dios, realizado en Jesucristo. Y lo abrazarían para sí mismos, para testimoniar con su
propia sangre que la cruz es el camino de la gloria. Tal es la fe cristiana, cuando acaban de
superarse en nosotros los temores y todos los obstáculos.
Sabia pedagogía
Pienso, hermanos, que es ésta una
gran lección para nosotros que, en nuestra debilidad, nos resistimos a abrazarnos de una vez con la cruz de
Jesucristo. La liturgia de la Cuaresma pone bien de manifiesto la altísima
pedagogía de la Santa Madre Iglesia, atenta siempre a la educación de sus hijos
en la fe cristiana. No rechacemos su magisterio; meditemos sus lecciones en
este santo tiempo, tan propicio a la práctica de la oración y del vencimiento
propio. Para que, superadas en nosotros todas las resistencias, nos entreguemos
generosamente a Jesucristo, para cumplir en todo la santa voluntad de Dios.
† Miguel Peinado.
Que fue Obispo de Jaén
ORACIÓN
DEL DÍA
Señor Dios, Padre amoroso, en tu Hijo Jesús
nos has enseñado cómo deberíamos buscar y cumplir tu amorosa voluntad.
Disponnos a
responder a tu amor desde lo profundo de nuestro corazón, y siendo fieles a ti
en todo lo que hacemos.
Haznos
respetuosos con los otros y atentos a las necesidades de la gente, incluso
cuando permanecen indiferentes o sin agradecimiento de manera que ayudemos a
expulsar el mal de este mundo y traer tu amor y misericordia.
Te lo pedimos
por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

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