sábado, 24 de diciembre de 2016

SOLEMNIDAD DE LA NATIVIDAD DE JESÚS. MISA DEL DÍA
“Hoy en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”.


PRIMERA LECTURA
Isaías 52,7-10   
 ¡Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que anuncia la paz…!
  
 SALMO RESPONSORIAL
Salmo 97
 Los confines de la tierra han contemplado la victoria de nuestro Dios.

 SEGUNDA LECTURA
 Hebreos 1,1-6
Dios, ahora en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo

 EVANGELIO
Juan 1, 1-18.
La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

                                               Comentario- Introducción
Con la Misa de Media Noche, se ha comenzado el tiempo de la Navidad. Este tiempo que se abre, con el anuncio del nacimiento de Jesús, por medio del Ángel a los pastores, en medio de la noche y que durará hasta el domingo del Bautismo del Señor.
Se desconoce el día exacto del nacimiento de Jesús, aunque se sabe que fue durante el reinado de Herodes. A mediados del siglo IV, el Papa Julio I estableció la fecha del 25 de diciembre, día próximo a muchas fiestas del solsticio de invierno que se celebran en la antigüedad. Y desde entonces este día ha sido y es el día que se celebra el Nacimiento de Jesús.

Hoy la homilía nos acerca en el misterio, pretende contemplar el misterio del Nacimiento y como hicieran los pastores y se va acercando, poco a poco, como si estuviera escalando una montaña, hasta llegar a la cima.


PREGÓN DE NAVIDAD

Os anunciamos, hermanos y hermanas, una buena noticia, / una gran alegría para todo el pueblo. / Escuchadla con corazón gozoso: / Habían pasado miles y miles de años / desde que, al principio, Dios creó el cielo y la tierra / e hizo al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza. / Miles y miles de años habían transcurrido / desde que cesó el diluvio / y el Altísimo hizo resplandecer el arco iris, / signo de alianza y de paz. / En el año 752 de la fundación de Roma; / en el año 42 del imperio de Octavio Augusto, / mientras sobre toda la tierra reinaba la paz, / en la sexta edad del mundo, / hace años, / en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel, / ocupado entonces por los romanos, / en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada, / de Santa María la Virgen, esposa de José, / de la casa y familia de David, / nació Jesús, llamado Mesías y Cristo, / que es el Salvador que el pueblo esperaba. / Alegraos, hermanos. / Esta es la buena noticia del ángel: / "Os ha nacido un Salvador: el Mesías, el

S. Berdonces


HOMILIA

“La Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”.  Esta es, hermanos, la suprema revelación de Dios a los hombres.
La liturgia  de Navidad sigue el ritmo de la Palabra. En esta solemnidad del Nacimiento de Jesucristo empieza el pueblo por congregarse a media noche para la Misa. Todos recuerdan en su imaginación al Niño recién nacido, y le tributan su afecto y su amor, le rinden adoración. “Es la Misa del Gallo”.
Luego, al despertar la aurora, la Iglesia, otra vez se pone en pie, se congrega de nuevo para celebrar la Eucaristía, es la Misa de los Pastores, como solían llamarla. Y después, ya en pleno día, esta tercera Misa, que es la solemne de Navidad de nuestro Señor Jesucristo.
Va creciendo la luz. También la revelación de Dios se ha ido clarificando más y más, al ritmo de la Historia Sagrada. Desde el despuntar de la aurora hasta la plenitud del medio día. La plenitud está aquí: “Y la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros”.

Promesas de Dios.
Conviene que, tanto nosotros los sacerdotes, como vosotros los fieles, sigamos este ritmo, acompasados a la Palabra de Dios, que ha ido creciendo de luz en luz.
Allí está Abraham, a quien llamó el Señor de Ur de los caldeos. “Sal de tu tierra - le dijo el Señor- a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una nación grande y te bendeciré…Te haré fecundo sobremanera y reyes saldrán de ti…Haré tu descendencia como el polvo de la tierra…Por tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra” (Gen. 12, 1-3; 13-16; 17,6; 22,15-18).
Todavía, antes de Abraham, había anunciado una primera luz; “lucecica” casi imperceptible: “Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre su linaje y el suyo…” (Gen 3, 15). Siglos mas tarde, con el apogeo del pueblo de Dios, llegó la promesa hecha a David: “Afirmaré después de ti tu descendencia y consolidaré el trono de tu realeza para siempre… Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí; tu trono estará firme eternamente” (2 Re 7,12-16).

Los profetas
El señor hablo a su pueblo por boca de sus profetas. De manera fragmentaria y de muchos modos hablo Dios en el pasado a nuestros padres, por medio de los profetas, nos ha recordado la lectura del Apóstol.
Por todos, Isaías, cuyas palabras se re4cuerdan especialmente a la vista del niño recién nacido: “he aquí que la virgen ha concebido y da a luz un hijo… porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado… Saldrá un vástago del tronco de Jesé y un retoño de sus raíces brotara. Reposara sobre el espíritu del Señor…” (Is 7,14; 9,5; 11,1).
Luego vinieron tiempos malos. El señor habla a su pueblo por el profeta: “consolad, consolad a mi pueblo… di a las ciudades de Judá: “ahí está vuestro Dios. Ahí viene el señor con poder y su brazo lo juzga todo” (Is 4,1-11).
Más tarde, el Señor dirá por Sofonías: “yo dejare en medio de ti un pueblo humilde y pobre… el resto de Israel”. Y los salmos cantaran las excelencias del Mesías del señor: “dijo el señor a mi señor: siéntate a mi derecha hasta que yo haga de tus enemigos estrago de tus pies” (Sal 109,1).

            Nos habló en el Hijo.
 Va creciendo la luz. El hombre, a su vez, va adaptando esta claridad. A fuerza de sufrimientos y de pruebas, el pueblo acaba por humillarse: y “un resto” se abre a la revelación de Dios. “en estos últimos tiempos, nos ha dicho san Pablo, Dios nos ha hablado por medio del hijo” (Heb 1,2).
Esta expresión del apóstol es, entre todos los pasajes de la escritura, una de las que más comentarios han suscitado de los entendidos, para encontrar su sentido exacto.
Por medio del hijo traducen unos. Y explican que si anteriormente hablo Dios a los padre por, medio de os profetas, es decir, utilizándolos como mensajeros y embajadores suyos, ahora envía a su hijo, como su gran embajador y mensajero; su instrumento definitivo para decir a los hombres cuanto tenemos que decirles.
Otros subrayan mejor el pensamiento y prefieren traducir: “en el hijo”. No es que nos ha hablado por medio de él, sino en él. Como si el hijo fueran en lugar donde nos ha citado para hablarnos y en donde únicamente podemos entendernos con él.



           
            Jesucristo, Palabra de Dios
Cierto: ya no podemos hablar con Dios más que en Jesucristo. Pero hay que tener en cuenta que el hijo es la Palabra de Dios: “en el principio existía la palabra y la palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios”.
Teniendo en cuenta esta revelación, ya no es solo que Dios nos ha hablado en el hijo o por medio de su hijo, si no que todo cuanto nos dice es su Hijo, Jesucristo. Jesucristo es la palabra de Dios, palabra única y definitiva. Cuanto Dios tiene que decirme a mí, y a todos los demás hombres, es esto y solo esto: Jesucristo.
Aquí ya, el oído se confunde con la mirada. Será necesario mirar para oír y conocer. Hace falta oír para entender y ver con claridad. Y, cuando llegue el fin, entonces ya los oídos no serán necesarios; porque todo será ver, en pura y eterna contemplación de la gloria de Dios. Mientras llega ese día, debemos mirar a este Niño recién nacido, mirar a Jesucristo y oírle. Oír en el silencia y en la fe, para poder entender.
                       
Que Dios hable en nosotros
Hermanos: seria pecado el que nosotros, especialmente los sacerdotes, pretendiéramos volver a aquellos primeros estadios de la revelación y no avanzásemos al ritmo de la Palabra de Dios.
La escritura habla de victorias, de tierra en posesión, de dominios de los enemigos, de pueblo numeroso. Todo esto, entendido superficialmente, nos llevaría a una idea falsa del Reino de Dios. Nosotros no podemos mantenernos en la mentalidad de aquellos que vivieron en tiempos anteriores a Jesucristo, y no conocieron su revelación por el Evangelio.
Ahora se habla frecuentemente de liberación. Ello es oportuno, toda vez que la liberación del pueblo de Dios en el antiguo testamento fue imagen constante en las promesas y en las acciones admirables de Dios salvador. Pero nosotros conocemos ya a Jesucristo, y tenemos claridad bastante para entender esa liberación que Dios nos promete.

“Nos ha nacido un niño; un hijo se nos ha dado”. Es Dios mismo quien se nos da en el hijo. Démonos nosotros también a él. Si Dios nos habla en Jesucristo con toda claridad, si Jesucristo es la palabra hablemos también nosotros a Dios en Jesucristo. Aprendamos a responder a Dios que nos llama. Aprendamos a hablar a nuestros hermanos. Que también en nosotros pueda hablar Dios a su pueblo. Que, en nosotros y por nosotros, diga Dios a los hombres su única Palabra: Jesucristo. A quien sea dada la gloria y el honor, por los siglos de los siglos.


Miguel Peinado Peinado.

(Que fue Obispo de Jaén)        

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