EPIFANÍA
DEL SEÑOR
DIA
6 DE ENERO. SOLEMNIDAD
“Los Magos hubieron de dialogar entre
sí, informarse, preguntar, perseverar en su empeño frente a la ignorancia de
muchos, la perfidia de Herodes y la indiferencia de los sacerdotes y escribas
judíos”.
PRIMERA LECTURA
Isaías 60, 1-6
Tus hijos llegan desde lejos
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 71
Se postrarán ante ti, Señor, todos los pueblos
de la tierra.
SEGUNDA
LECTURA
Efesios 3, 2-6
También los
paganos participan de una misma herencia, son miembros de un mismo Cuerpo
EVANGELIO
Mateo 2,
1-12
Unos magos de
Oriente se presentaron en Jerusalén y preguntaron: ¿Dónde está el rey de los
judíos que acaba de nacer?
Comentario- Introducción
En la homilía de este día de “Los
Reyes Magos”, se han dado cita de manera clara, el sereno estudio de muchos
años del autor y la espontaneidad con la que el pastor habla a su pueblo.
La misma homilía va tomando cuerpo “in crescendo”, a cerca del
mensaje que pretende transmitir:
La sencillez con que habla el Evangelio
de Mateo sobre el nacimiento de Jesús y
su infancia y en el caso de hoy de la adoración de los Magos al “Rey de Israel”. Y en segundo lugar y no menos
importante, se subraya un hecho esencial, la iglesia se ve representada en
aquellos tres hombres. Preciosa catequesis cargada de misterio, como la magia y
el misterio que tiene este día. Es el momento de aquellos que son capaces de
hacerse como niños, desde la noche estrellada hasta el día y durante todo el
año, de los que así lo viven, de ellos es el Reino de los cielos.
S. Berdonces
HOMILIA
Con gozo cristiano hemos
coreado los versos del Salmo. Al hacerlo, introducimos en el texto una versión
leve, pero también expresiva. El salmista escribió: “Se postraran ante ti todos
los reyes de la tierra”. Nosotros hemos dicho: “Se postraran ante ti…” Israel
pensaba en el rey ideal que suscitaría para salvar a su pueblo; nosotros
conocemos a Jesucristo, y estamos seguros de que él es precisamente el Mesías
esperado, Rey de reyes y Señor de los señores.
La liturgia de la
Epifanía nos pone en contacto con el misterio de Dios, manifestado a nosotros
en la humanidad del Niño recién nacido. Al contemplar a los Magos postrados en
actitud de adoración, nos sentimos invitados a llega hasta Belén. Para rendirle
así mismo nuestro homenaje de adoración y hacerle ofrenda.
Esos hombres son primicia
del pueblo fiel, llegado de la gentilidad; ejemplo ideal para nosotros y para
cuantos, en pos de ellos, vienen a Jesús desde todas las latitudes y en todos
los tiempos. Los Magos venidos desde Oriente: representación nobilísima de la
Iglesia Santa, que reconoce a Jesús como único Señor y Salvador, y le ofrece
continuamente, con amor de esposa.
La búsqueda de Dios.
Tal viene a ser el
contenido esencial de la lección evangélica. El relato responde sin duda a la
necesidad de catequesis, en la Iglesia naciente, para quienes debían ser
instruidos en el misterio de Cristo. Mas hay en ella elementos que orientan el
ejercicio de nuestra fe cristiana. Por ejemplo:
Después de ver la
presencia de la estrella de Oriente, los Magos anduvieron un largo camino hasta
encontrar a Jesús. Perseveraron en la búsqueda. Hubieron de dialogar entre sí,
informarse, preguntar, perseverar en su empeño frente a la ignorancia de
muchos, la perfidia de Herodes y la indiferencia de los sacerdotes y escribas
judíos. Sólo más tarde, ya en ruta hacia Belén, volvió a aparecer la estrella;
que los llenó de alegría y los condujo hasta el sitio mismo donde se encontraba
el Niño, “con María su Madre”.
La búsqueda de Dios a
partir de sus llamadas, siempre es empresa laboriosa, que pone a prueba nuestra
debilidad. La gracia del cielo no dispensa al hombre de su esfuerzo personal en
el campo oscuro de la fe, hasta el encuentro con el Salvador. San pablo
recordaba, en su discurso en Atenas, a los intelectuales de su tiempo cómo Dios
“creó de un solo principio todo el linaje humano, para que habitase sobre la
faz de la tierra, y determinó con exactitud
los límites del lugar donde habían de habitar, con el fin de que
buscaran a Dios: para ver si, a tientas, le buscaban y le hallaban…”
Espacio a la libertad.
Buscarle a tientas: como el ciego
que, desde su profunda oscuridad, va tanteando de una parte a otra dar con la
salida; como un niño que camina solo, se encuentra frente a una encrucijada y
no sabe hacia dónde tirar. Desde los comienzos, el ejercicio de la fe es camino
arduo, lleno de dificultades y de sorpresas.
Aquí, la iniciativa es siempre de
Dios. Su llamada, el punto de partida. Aros Magos les envía la luz de la
estrella; los pastores sencillos son informados por mensajeros celestiales. Variadísimos,
misteriosos son siempre los caminos de
Dios; admirable sobremanera esa misericordiosa condescendencia con el hombre,
para entenderse con todos y con cada uno.
Eso sí, Dios suele manifestársenos, ocultándosenos
a un tiempo. Así prueba a los amigos. Una vez que su voz se ha dejado oír en el
corazón, permanece a la espera de la respuesta, dando amplio margen a la libertad.
El silencio de Dios, su respeto a la libertad, que él mismo ha creado, es una
de las constantes más notables en la
Historia de la Salvación.
Lo que ocurre es que, este silencio y
ocultación de Dios, dejan al hombre en la oscuridad, para que su respuesta sea
dada en pura fe. Por eso resulta tan laborioso y -tan misterioso – el ejercicio de la vida
religiosa, cuando se realiza con toda sinceridad. A veces Dios nos lleva hasta
el borde del heroísmo. Resulta mucho más difícil seguir adelante, después de
largo tiempo de vida cristiana, que aquello que algunos llaman “la tribulación
de entrada”, los comienzos de la fe.
Pedagogía divina
Y no es que el Señor abandone a sus amigos. Lo
hace constar el Apóstol en su discurso: “…por si a tientas le buscaban y le
hallaban; aunque no esté lejos de cada uno de nosotros – añade- pues en él
vivimos, nos movemos y existimos” (Hech 17, 24-28).
Por más que nuestra experiencia
sensible nos quiera convencer de lo contrario y la credulidad de muchos se
empeñe en confirmarla, Dios nunca se va de nuestro lado; camina con nosotros,
nos acompaña con su gracia, nos asiste, nos mira con ternura…Dios siempre está
apunto; hasta se deja ver en el momento preciso. De antemano tiene preparado
cuando podemos necesitar; su providencia paternal es una maravilla de su
discreción, de amor, de bondad. Si es que nosotros somos humildes para
entenderlo.
El Seño obra sapientísimamente; nos
educa. Sin adelantarse a nuestras decisiones personales, ni dejarse llevar de
nuestra debilidad y caprichos. Su altísima pedagogía nos conduce desde los
primeros pasos de la infancia espiritual hasta las alturas de la perfección
evangélica. Lo mismo en el caso de los Magos, que en el de los pastores; en el
hombre rudo o en una madre de familia cargada de obligaciones, que cuando se
trata de la vida sacerdotal y religiosa. Para Dios no hay acepción de personas,
ni cuadrículas espirituales. Sólo pide que nos fiemos de él, que seamos
generosos, que le busquemos sin descanso hasta encontrarle.
También hoy.
La perseverancia de los Magos en su búsqueda
resulta ejemplar para nosotros, que andamos tan complicados con problemas en el
mundo que vivimos y en la Iglesia. Como en los días de Herodes, también ahora
hemos de contar con graves dificultades y obstáculos de toda clase. Sigue
habiendo enemigos poderosos, maestros incrédulos, gente indiferente, sacerdotes
infieles y débiles. Pero Jesucristo es el mismo, “ayer, hoy y por los siglos”.
Pienso que, cuando se decidan en su
presencia por la fidelidad, habrán de tomar nota de dos elementos importantes:
una fe grande en la providencia amorosa del padre celestial y sumo respeto a la
libertad de todo hombre. Habremos de volver, pues son tan necesarios, sobre
estos valores.
Ahora, celebremos con redoblado amor
la Eucaristía. Confortados con la gracia de Jesucristo, seguiremos nuestro
camino, lleno el corazón de alegría a la vista de esa estrella, que conduce a
los Magos hasta Belén, donde encontraremos siempre al Niño junto a su Madre.
† Miguel Peinado.
-Que fue Obispo de Jaén-
ORACIÓN
DEL DÍA
Señor Jesús: que a imitación de los Magos
de Oriente vayamos también nosotros frecuentemente a adorarte en tu Casa que es
el Templo y no vayamos jamás con las manos vacías.
Que te llevemos el oro de nuestras
ofrendas, el incienso de nuestra oración fervorosa, y la mirra de los
sacrificios que hacemos para permanecer fieles a Ti, y que te encontremos
siempre junto a tu Madre Santísima María, a quien queremos honrar y venerar
siempre como Madre Tuya y Madre nuestra.
Amé.

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