domingo, 16 de abril de 2017

VIERNES SANTO
PASIÓN Y MUERTE DEL SEÑOR
DÍA 14 DE ABRIL.
“¡Victoria ¡Tú reinarás, ¡Oh Cruz, tú nos salvarás!”


PRIMERA LECTURA
 Isaías 52, 13-53, 12
Como muchos se espantaron de él, porque desfigurado no parecía hombre…

  SALMO RESPONSORIAL
Salmo 30
Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu.

 SEGUNDA LECTURA
 Hebreos 4, 14-16; 5, 7-9
Cristo, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte…

 EVANGELIO
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 18, 1-19, 42
Todo está cumplido.  E, inclinando la cabeza, entregó el espíritu.          

                                               Comentario- Introducción
Hoy no se celebra la Eucaristía en todo el mundo. El altar luce sin mantel,  sin velas ni adornos. Recordamos la muerte de Jesús. Los ministros se postran en el suelo ante el altar al comienzo de la ceremonia. Son la imagen de la humanidad hundida y oprimida, y al tiempo penitente que implora perdón por sus pecados.
Van vestidos de rojo, el color de los mártires: de Jesús, el primer testigo del amor del Padre y de todos aquellos que, como él, dieron y siguen dando su vida por proclamar la liberación que Dios nos ofrece.
La cruz es el centro. Hoy, comulgamos de la reserva eucarística de la Misa de la tarde de ayer.

S. Berdonces

HOMILIA
“Cuando Jesús tomó el vinagre, dijo: “Todo se ha cumplido. Inclinó la cabeza y entregó el espíritu” (Jn 19,39)
¡El último momento de la vida mortal de Jesús! Entregó su espíritu al Padre en generosa donación. En la dulce generosidad de una vida perfectamente acoplada a la santa voluntad de Dios, con plena confianza filial “obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil 2,8).

            Todo se ha cumplido
La muerte de Jesús señala “la plenitud de los tiempos”. Las sombras vienen a plena luz. Se ha hecho realidad todos los anuncios proféticos, todas las figuras del Antiguo Testamento, todas las promesas de Dios Salvador. Su designio eterno de “recapitular en Cristo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra” (Ef 1,10) sale adelante; pese a la maldad de los hombres y la dura oposición de todos los poderes del infierno, Alzase en la tierra, Jesucristo atrae a sí a todos.
Este mismo Jesús, nacido de la Virgen María, Hijo de Dios, cordero inocente, santísimo, limpio de todo pecado, de toda mancha, el más hermoso entre los hijos de los hombres, llega a su perfección como mediador de la Nueva Alianza, “convertido en causa de salvación eterna para todos lo que le obedecen, proclamado por Dios Sumo Sacerdote, a semejanza de Melquisedec” (Heb 5, 9-10).

Irrumpe en la tierra en Reino de Dios
Un día, ante los ataques de los fariseos que acechan a mala parte todas sus acciones, Jesús hubo de decirles: “Pues, si en virtud del Espíritu de Dios expulso yo los demonios, señal es que ha llegado a vosotros el Reino de Dios” (Mt 12,28).
El último suspiro de Jesús señala el momento de la irrupción del Reino de Dios en la tierra. Es un acontecimiento irreversible. A partir de ahora, aquél, “que da el Espíritu sin medida” (Jn 3, 34), saldrá al encuentro de los suyos para darles el Espíritu Santo. Empieza la “nueva creación”. El Espíritu del Señor “renueva la faz de la tierra”.
“Ahora es el juicio del mundo: ahora el príncipe de este mundo será arrojado fuera” (Jn 12, 31). Satanás se bate en retirada; su reino de pecado, de soberbia, de ambición y de mentira, se cuartea. Las ovejas dispersas del rebaño van a ser congregadas por el Pastor, “que da la vida por sus ovejas”. Los cautivos son liberados de su esclavitud; los hombres pueden vivir la libertad de los hijos de Dios.
“La justicia de Dios por la fe de Jesucristo para todos los que creen…Todos pecaron y están privados de la gloria de Dios, y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redención realizada en Cristo Jesús, a quien Dios exhibió como instrumento de propiciación por su propia sangre” (Rom 3, 22-25)

Invitación
La celebración litúrgica del Viernes Santo, a la hora misma en que murió Jesús para salvar a todos los hombres, es para nosotros, sus discípulos, una invitación a la esperanza. La cruz está en alto. Nos disponemos a adorarla con fe viva. Cantaremos con serena alegría: “¡Victoria! Tú reinarás, ¡Oh Cruz, tú nos salvarás!
Esta es la hora del amor agradecido. ¿Quién hizo más por todos y por cada uno de nosotros?... ¿Quién se ha entregado jamás con tal generosidad?... ¿Quien atendió y sirvió nuestra causa con mayor desprendimiento, con más desinterés?...”Siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios ¡, sino que se despojó de su rango, tomando condición de esclavo, haciéndose pasar por un hombre cualquiera…” (Fil 3,3-7)
En su presencia y contemplando su cruz, debemos renovar nuestra promesas de fidelidad. Lanzando fuera todo temor, toda desconfianza por el recuerdo de nuestras propias experiencias personales y colectivas. “Si, cuánta más razón, estando ya reconciliadas, seremos salvos por su vida” (Rom 5,10).
Repitamos, hermanos, con toda sinceridad, con toda la fuerza de nuestro corazón agradecido: “Te adoramos, Cristo, y te bendecimos, porque por tu santa cruz has redimido al mundo”.
 † Miguel Peinado.
Que fue Obispo de Jaén                 


ORACIÓN DEL DÍA
                    Oh Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, tu querido Hijo Jesús se hizo uno de nosotros, fue como nosotros en todo menos en el pecado, cuando nació de nuestra carne y sangre.
Por el sufrimiento de su pasión tú nos salvas de la muerte que merecemos por ser corresponsables del mal y del pecado en nosotros y en el mundo. Que su sufrimiento no haya sido en vano.
Llénanos con la vida y gracia que ganó para nosotros en la cruz, y ayúdanos a imitarle y ser semejantes a él, nuestro Señor resucitado que vive y reina contigo por los siglos de los siglos.
Amén.
                                                 



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