viernes, 9 de junio de 2017

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
DIA 11 JUNIO
“Dios, se nos ha manifestado, como un amigo se da a conocer a otro amigo”.        
PRIMERA LECTURA
Éxodo 34, 4-6. 8-9
Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso

  SALMO RESPONSORIAL
Salmo 52

 Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
Bendito tu nombre santo y glorioso

 SEGUNDA LECTURA
 1 Corintios 13, 1-13
Os saludan todos los santos
 EVANGELIO
Juan 3, 16-18
Dios mandó a su Hijo para que el mundo se salve por él.
Comentario- Introducción
Esta fiesta nos habla de Dios, pero: ¿más de cómo es o de quién es? Nos parece remitir, a lo que Él ha realizado en nosotros y en el mundo, por medio del Hijo y del Espíritu. La pregunta parece ser: ¿dónde está, dónde se le ve?, y no hay otra respuesta, que en la propia historia personal y la del pueblo. En ella descubrimos el sentido de la existencia, del dolor, de la enfermedad, de la muerte, de nuestra presencia en el mundo, del camino que debemos recorrer. Y por ello, podemos proclamar: “Creo en Dios”, no como una idea, sino como una experiencia, que llamamos experiencia de fe.

ORACIÓN DEL DOMINGO
 Señor, Dios nuestro,
somos demasiado limitados para entenderte,
pero sabemos que tú te preocupas por nosotros
y has vinculado nuestro destino al tuyo.
Gracias por amarnos y por estar a nuestro lado en nuestras tristezas y alegrías.
Gracias por darnos a Jesús
para librarnos de nuestros pecados
y traernos vida, confianza y felicidad.
Gracias por encomendar a tu Espíritu
dirigirnos y movernos en la vida.
Anima cálidamente nuestros corazones y únenos,
dispón nuestro espíritu para acoger todo
tu amor y para responder a él confiándonos a ti
por todo lo que nos has dado y hecho en nosotros.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.  Amén.

 S. Berdonces
HOMILIA
Todos los domingos, al comenzar la Santa Misa, resuena aquí este saludo: “La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del padre y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con todos vosotros”. Hoy, estas palabras recobran especial relieve, porque celebramos el misterio de la Santísima Trinidad. Precisamente por eso, en la liturgia del día, han vuelto a proclamarse en la lectura.
La gracia de Jesucristo, el amor de Dios, la comunión del Espíritu Santo…vienen a ser la misma cosa. Se trata de la obra de Dios en nosotros. La obra de Dios, que se ha volcado en amor sobre sus hijos y nos estrecha en la caridad del Espíritu Santo, habiéndonos redimido por obra de su Hijo. Todo eso lo expresan perfectamente estas palabras: la gracia, el amor, la comunión.
Pero, además, este saludo final de la segunda carta a los Corintios, expresa muy bien el misterio de la vida íntima de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.


Revelación de la divina trinidad.
 Nosotros, los cristianos, sabemos que Dios es tres personas. Lo creemos, porque lo ha dicho Jesucristo. Únicamente por él conocemos que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Moisés pudo conocer a Dios de cerca. Se le manifestó como ningún otro profeta del Antiguo Testamento. Postrado rostro en tierra y aterrado, pudo escuchar como Dios pronunciaba aquellas palabras: “Señor Yavéh, Dios compasivo y misericordioso, tardo a la ira, y rico en clemencia y lealtad” (Ex 34,6). Es lo más que Moisés pudo alcanzar.
Para nosotros Dios ha hablado con mucha mayor claridad, por medios de Jesucristo. Él nos habló de Dios, y nosotros conocemos que Dios tiene un nombre, un nombre bendito. Para los discípulos de Jesucristo, Dios se llama:” Padre, Hijo y Espíritu Santo”. En este nombre somos bendecidos continuamente, porque nosotros somos los hijos de Dios.
Amados hermanos: Dios ha hecho la gracia de revelarse a nosotros. Se nos ha manifestado, como un amigo se da a conocer a otro amigo, como un esposo y una esposa se dan a conocer mutuamente en la intimidad. Y, aunque nosotros no podemos comprender el misterio de la vida de Dios, que es riquísima, íntima, inefable, hemos alcanzado la gracia de haber sido introducidos en ese santuario santísimo de la vida íntima de Dios. Para conocerlo como él es: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
San Juan ha escrito: “A Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado “(Jn 1,18), Y San Pablo: “Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el Espíritu de Dios”, así como “nadie conoce lo que hay en el hombre, sino el espíritu del hombre, que está en él”. ¡Ah ¡Pero añade en seguida: “Pero nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que vienen  de Dios (1 Cor 2,11-12).


Se nos ha entregado
Entonces nosotros somos los hijos de Dios, somos amigos suyos. Se nos ha manifestado en la intimidad, nos ha dado a conocer el misterio de su vida. Mas ¿cómo lo ha hecho?...
Dios no se nos ha aparecido para decirnos: “Yo soy de esta manera”. No; Dios, para manifestarse a nosotros, se nos ha dado, se nos ha entregado personalmente. “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).
Nos ha dado a su Hijo, Jesucristo. Y él, como aquel día a Felipe, nos dice”: “El que me ve a mí, ve aquél que me ha enviado” (Jn 12, 45). Y aquello otro: El Padre y yo somos una misma cosa” (Jn 10,30). ¿Veis? Entregándonos a su Hijo, Dios se ha dado a nosotros a nos ha facilitado su conocimiento. No sólo esto. Porque el Padre y el Hijo han puesto su Espíritu en nosotros, y “el amor de Dios se ha derramado en nuestro corazones.
¿Qué más podíamos nosotros desear? ¿Cómo podríamos a ser elevados a tal altura y conocimiento? Si esto ¡ni lo podíamos imaginar! Que Dios mismo se nos manifiesta y se nos entregara como esposo a su esposa, como un hijo a su madre…
Decía el Señor: “Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará; y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14,23)
Entonces nosotros, unidos por el bautismo, la confirmación y la eucaristía a Jesús, participamos en la vida de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La vida del padre, Dios creador de todas las cosas. La vida de Jesucristo, el Hijo único de Dios. La vida del Espíritu Santo, que es todo amor, toda gracia, toda comunión. Y esto es lo principal.


            Lo importante es ser
            Quiero subrayar esto, hermanos. ¿Sabéis por qué?...Porque en la medida que se  acentúan ciertas consignas: obrar, realizar, trabajar, organizar…los Pastores de la Iglesia debemos recordaros que lo principal no es la actividad, ni el trabajo, ni la eficacia, ni las obras. ¡Lo importante no es “hacer”, sino “ser”! Antes que las obras, está la actitud, la vida.
La vida cristiana no consiste en las obras, aunque las obras sean el fruto de la vida. San Pablo lo advertía: “¿Por las obras? No, por la fe” (Rom 3,27). Es por la fe, por la que nos viene la justificación. Las obras son exigencia del amor verdadero y de la vida cristiana. Nos lo enseña San Juan: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó  y nos envió a su Hijo para que expiase nuestros pecados” (1 Jn 4, 10).
Es bien claro entonces que lo importante para nosotros es abrirnos a la gracia de Dios, recibir la vida de Dios y vivir en comunión con Él. Ser templos vivos de Dios y vivir como hijos suyos. Estar en continua comunicación con Jesucristo, creer en su gracia. Todo lo demás es consecuencia de esto.
Un día el Señor, exultando en el Espíritu Santo ante las noticias que le traían sus discípulos, a vuelta de su primera misión para predicar el Evangelio, hizo esta oración: “Yo te alabo, Padre, Señor  del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito…Nadir conoce al Hijo sino el Padre, ni al Padre conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar” (Mt 11, 25-27)
¡Ojalá, hermanos, que esta  revelación del Hijo, que nosotros hemos recibido, aumente en nosotros la luz, la claridad, la paz del corazón. Celebremos la Eucaristía y acerquémonos al Señor. Para que vivamos plenamente la vida de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad Santísima, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos.


Miguel Peinado.
Que fue Obispo de Jaén           




1 comentario: