SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD
DIA 11 JUNIO
“Dios, se nos ha manifestado, como un
amigo se da a conocer a otro amigo”.
PRIMERA LECTURA
Éxodo 34, 4-6. 8-9
Señor, Señor, Dios compasivo y misericordioso
SALMO RESPONSORIAL
Salmo 52
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
Bendito tu
nombre santo y glorioso
SEGUNDA
LECTURA
1 Corintios 13, 1-13
Os saludan todos los santos
EVANGELIO
Juan 3, 16-18
Dios mandó
a su Hijo para que el mundo se salve por él.
Comentario-
Introducción
Esta fiesta nos habla de Dios, pero:
¿más de cómo es o de quién es? Nos parece remitir, a lo que Él ha realizado en
nosotros y en el mundo, por medio del Hijo y del Espíritu. La pregunta parece
ser: ¿dónde está, dónde se le ve?, y no hay otra respuesta, que en la propia
historia personal y la del pueblo. En ella descubrimos el sentido de la
existencia, del dolor, de la enfermedad, de la muerte, de nuestra presencia en
el mundo, del camino que debemos recorrer. Y por ello, podemos proclamar: “Creo
en Dios”, no como una idea, sino como una experiencia, que llamamos experiencia
de fe.
ORACIÓN
DEL DOMINGO
Señor, Dios nuestro,
somos
demasiado limitados para entenderte,
pero
sabemos que tú te preocupas por nosotros
y has
vinculado nuestro destino al tuyo.
Gracias por
amarnos y por estar a nuestro lado en nuestras tristezas y alegrías.
Gracias por
darnos a Jesús
para
librarnos de nuestros pecados
y traernos
vida, confianza y felicidad.
Gracias por
encomendar a tu Espíritu
dirigirnos
y movernos en la vida.
Anima
cálidamente nuestros corazones y únenos,
dispón
nuestro espíritu para acoger todo
tu amor y
para responder a él confiándonos a ti
por todo lo
que nos has dado y hecho en nosotros.
Te lo
pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.
S. Berdonces
HOMILIA
Todos los domingos, al
comenzar la Santa Misa, resuena aquí este saludo: “La gracia de nuestro Señor
Jesucristo, el amor del padre y la comunión del Espíritu Santo esté siempre con
todos vosotros”. Hoy, estas palabras recobran especial relieve, porque celebramos
el misterio de la Santísima Trinidad. Precisamente por eso, en la liturgia del
día, han vuelto a proclamarse en la lectura.
La gracia de Jesucristo,
el amor de Dios, la comunión del Espíritu Santo…vienen a ser la misma cosa. Se
trata de la obra de Dios en nosotros. La obra de Dios, que se ha volcado en
amor sobre sus hijos y nos estrecha en la caridad del Espíritu Santo,
habiéndonos redimido por obra de su Hijo. Todo eso lo expresan perfectamente
estas palabras: la gracia, el amor, la comunión.
Pero, además, este saludo
final de la segunda carta a los Corintios, expresa muy bien el misterio de la
vida íntima de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Revelación de la divina trinidad.
Nosotros, los cristianos, sabemos que Dios es
tres personas. Lo creemos, porque lo ha dicho Jesucristo. Únicamente por él
conocemos que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
Moisés pudo conocer a
Dios de cerca. Se le manifestó como ningún otro profeta del Antiguo Testamento.
Postrado rostro en tierra y aterrado, pudo escuchar como Dios pronunciaba
aquellas palabras: “Señor Yavéh, Dios compasivo y misericordioso, tardo a la
ira, y rico en clemencia y lealtad” (Ex 34,6). Es lo más que Moisés pudo
alcanzar.
Para nosotros Dios ha
hablado con mucha mayor claridad, por medios de Jesucristo. Él nos habló de
Dios, y nosotros conocemos que Dios tiene un nombre, un nombre bendito. Para
los discípulos de Jesucristo, Dios se llama:” Padre, Hijo y Espíritu Santo”. En
este nombre somos bendecidos continuamente, porque nosotros somos los hijos de
Dios.
Amados hermanos: Dios ha
hecho la gracia de revelarse a nosotros. Se nos ha manifestado, como un amigo
se da a conocer a otro amigo, como un esposo y una esposa se dan a conocer
mutuamente en la intimidad. Y, aunque nosotros no podemos comprender el
misterio de la vida de Dios, que es riquísima, íntima, inefable, hemos
alcanzado la gracia de haber sido introducidos en ese santuario santísimo de la
vida íntima de Dios. Para conocerlo como él es: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
San Juan ha escrito: “A
Dios nadie lo ha visto jamás; el Hijo único, que está en el seno del Padre, él
lo ha contado “(Jn 1,18), Y San Pablo: “Nadie conoce lo íntimo de Dios, sino el
Espíritu de Dios”, así como “nadie conoce lo que hay en el hombre, sino el
espíritu del hombre, que está en él”. ¡Ah ¡Pero añade en seguida: “Pero
nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que
vienen de Dios (1 Cor 2,11-12).
Se nos ha entregado
Entonces nosotros somos
los hijos de Dios, somos amigos suyos. Se nos ha manifestado en la intimidad,
nos ha dado a conocer el misterio de su vida. Mas ¿cómo lo ha hecho?...
Dios no
se nos ha aparecido para decirnos: “Yo soy de esta manera”. No; Dios, para
manifestarse a nosotros, se nos ha dado, se nos ha entregado personalmente. “Tanto
amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no
perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16).
Nos ha
dado a su Hijo, Jesucristo. Y él, como aquel día a Felipe, nos dice”: “El que
me ve a mí, ve aquél que me ha enviado” (Jn 12, 45). Y aquello otro: El Padre y
yo somos una misma cosa” (Jn 10,30). ¿Veis? Entregándonos a su Hijo, Dios se ha
dado a nosotros a nos ha facilitado su conocimiento. No sólo esto. Porque el
Padre y el Hijo han puesto su Espíritu en nosotros, y “el amor de Dios se ha
derramado en nuestro corazones.
¿Qué más
podíamos nosotros desear? ¿Cómo podríamos a ser elevados a tal altura y
conocimiento? Si esto ¡ni lo podíamos imaginar! Que Dios mismo se nos
manifiesta y se nos entregara como esposo a su esposa, como un hijo a su madre…
Decía el
Señor: “Si alguno me ama, guardará mi palabra y mi Padre lo amará; y vendremos
a él y haremos morada en él” (Jn 14,23)
Entonces
nosotros, unidos por el bautismo, la confirmación y la eucaristía a Jesús,
participamos en la vida de Dios: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La vida del
padre, Dios creador de todas las cosas. La vida de Jesucristo, el Hijo único de
Dios. La vida del Espíritu Santo, que es todo amor, toda gracia, toda comunión.
Y esto es lo principal.
Lo importante es ser
Quiero
subrayar esto, hermanos. ¿Sabéis por qué?...Porque en la medida que se acentúan ciertas consignas: obrar, realizar,
trabajar, organizar…los Pastores de la Iglesia debemos recordaros que lo
principal no es la actividad, ni el trabajo, ni la eficacia, ni las obras. ¡Lo
importante no es “hacer”, sino “ser”! Antes que las obras, está la actitud, la
vida.
La vida cristiana no consiste en las
obras, aunque las obras sean el fruto de la vida. San Pablo lo advertía: “¿Por
las obras? No, por la fe” (Rom 3,27). Es por la fe, por la que nos viene la
justificación. Las obras son exigencia del amor verdadero y de la vida
cristiana. Nos lo enseña San Juan: “En esto consiste el amor: no en que
nosotros hayamos amado a Dios, sino que Él nos amó y nos envió a su Hijo para que expiase
nuestros pecados” (1 Jn 4, 10).
Es bien claro entonces que lo
importante para nosotros es abrirnos a la gracia de Dios, recibir la vida de
Dios y vivir en comunión con Él. Ser templos vivos de Dios y vivir como hijos
suyos. Estar en continua comunicación con Jesucristo, creer en su gracia. Todo
lo demás es consecuencia de esto.
Un día el Señor, exultando en el
Espíritu Santo ante las noticias que le traían sus discípulos, a vuelta de su
primera misión para predicar el Evangelio, hizo esta oración: “Yo te alabo,
Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has ocultado estas cosas a sabios y prudentes y se las has revelado a
los pequeños. Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito…Nadir conoce al Hijo
sino el Padre, ni al Padre conoce nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo
lo quiera revelar” (Mt 11, 25-27)
¡Ojalá, hermanos, que esta revelación del Hijo, que nosotros hemos
recibido, aumente en nosotros la luz, la claridad, la paz del corazón.
Celebremos la Eucaristía y acerquémonos al Señor. Para que vivamos plenamente
la vida de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Trinidad Santísima, a quien sea
la gloria por los siglos de los siglos.
† Miguel Peinado.
Que fue Obispo de
Jaén

Que gran labor estas haciendo, hermano Sebastian
ResponderEliminar