sábado, 3 de junio de 2017

                    DOMINGO  DE PENTECOSTÉS
DIA 4  DE JUNIO
“¡Cuántas cosas hay entre nosotros contrarias al Espíritu de Dios!”.
                                                       
PRIMERA LECTURA
Hech    2, 1-11
Si son  galileos. ¿Cómo es que cada uno los oímos hablar en nuestra propia lengua?

 SALMO RESPONSORIAL
Salmo 103

 Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.

 SEGUNDA LECTURA
1 Cor  12, 3b-7. 12-13
Hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo

 SECUENCIA DE LA MISA
Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.
Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.
Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado
cuando no envías tu aliento.
Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.
Reparte tus siete dones
según la fe de tus siervos.
Por tu bondad y tu gracia
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno.
Amén.

 EVANGELIO
Jn 20, 19-23
Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo. Recibid el Espíritu Santo.


Comentario- Introducción
En el calendario cristiano con Pentecostés termina el tiempo pascual de los  cincuenta días. Los cincuenta días pascuales y las fiestas de la Ascensión y Pentecostés, forman una unidad. No son fiestas aisladas de acontecimientos ocurridos en el tiempo, son parte de un solo y único misterio.
La fiesta de Pentecostés, es el segundo domingo más importante del año litúrgico en donde los cristianos tienen la oportunidad de vivir intensamente la relación existente entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo.     

S. Berdonces
                                                       
                                                      HOMILIA
Han transcurrido exactamente cincuenta días desde aquel, en que celebramos con tanto gozo la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, la Pascua del Señor. Hoy es la fiesta de Pentecostés.
Ambas fiestas, Pascua y Pentecostés, de origen muy antiguo, fueron y son fiestas judías. La primera, establecida en recuerdo y conmemoración de la salida de Egipto, cuando el Señor, por medio de Moisés, liberó a Israel de la esclavitud. La segunda le recordaba el establecimiento de la Alianza junto al Sinaí. Desde aquel día fueron ya un pueblo libre, el pueblo de Dios, en peregrinación hacia la tierra prometida.
Con la presencia y la obra de Jesucristo, estas fiestas judías quedaron revestidas de espíritu cristiano. Precisamente cuando los judíos celebraran la Pascua, Jesucristo se entregó en sacrificio por todos los hombres. Desde entonces la Pascua es fiesta cristiana. Luego, al cumplirse os cincuenta días – que esto significa Pentecostés – el Señor envió su espíritu sobre los suyos de manera solemne, conforme a su promesa. Para nosotros, la fiesta de Pentecostés es  la fiesta del Espíritu Santo. Y la celebramos con gozo, como una de las más importantes de la Iglesia.

Espíritu de Dios y de Jesucristo
 Creemos en el Espíritu Santo. Nuestra fe – bien lo sabéis- no es fruto de razonamiento humano, ni conquista de la ciencia; no es un descubrimiento de los hombres. Se apoya sólo y exclusivamente en la Palabra de Dios. Es el Señor quien nos ha hablado; y nosotros aceptamos sus palabras con pura fe. Por ellas sabemos que hay Espíritu Santo.
Estamos en situación bien distinta de la de aquellos creyentes de Éfeso, a quienes encontró San pablo, a su llegada, y les preguntó se habían recibido el Espíritu Santo. Ellos le contestaron: “Nosotros, ni siquiera habíamos oído decir que existe el Espíritu Santo” (Hech 19,2). En cambio, nosotros sabemos bien que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¿Por qué lo sabemos?...Porque lo ha dicho el Señor. Y no hay otra razón. Jesucristo nos ha hablado de Dios: Nos ha revelado el misterio de su vida. El llamaba a Dios, Padre; “mi Padre”. Nos ha manifestado, sin lugar a dudas, que él es el Hijo de Dios hecho hombre. Por él sabemos que “todo cuanto tiene el Padre” es del Hijo (Jn 16,15). Y que “como el Padre tiene vida en sí mismo, así ha dado al Hijo que la tenga en sí” (Jn 5,26). El Padre y el Hijo son “una misma cosa” (Jn 10, 30). Porque el Padre comunica toda su vida al Hijo, y el Hijo se entrega, con todo cuanto es y tiene a su Padre.
Sabemos también, por Jesucristo, que “Dios es amor” (1 Jn 4,8). “El Padre ama al Hijo y ha puesto e n su mano todas las cosas (Jn3, 35). De la misma manera, el Hijo ama a su Padre y se entrega a él. Por amos a su Padre, Jesucristo ha entregado su vida para la salvación de todos los hombres.
Ahora bien, este amor mutuo del Padre y del Hijo transciende a toda nuestra compresión. Es una realidad inefable y misteriosa; no hay ejemplo en el mundo que nos pueda servir para explicarla. El amor del padre  para con el Hijo y del Hijo con el Padre, es un mismo amor, infinito y eterno. No es como el amor humano. El nuestro es, por muy intenso que lo supongamos, limitado y eterno. No es como el amor humano. El nuestro es, por muy intenso que lo supongamos, limitado y variable, frágil y caduco. Apenas alcanza afuera de nosotros, y con nosotros se viene al suelo. El amor de Dios es tan grande, tiene tanta vida, tanto poder, tanta fuerza, que subsiste por sí mismo. Es persona. El amor de Dios es Dios. Es Espíritu. El Espíritu del Padre y del Hijo. El Espíritu Santo.


Bajo la acción del Espíritu.
Jesucristo es dador del Espíritu. Apenas se apareció a sus discípulos, después de haber resucitado, les decía: “Recibid el Espíritu Santo” (Jn 20,22). Él es quien puede darlo y lo da a los suyos. Lo envió sobre ellos, conforme a su promesa, el día de Pentecostés, de una forma solemne y visible. Todos pudieron darse cuenta de la presencia del Espíritu, porque oyeron el ruido de aquel viento fuerte en Jerusalén, y vieron sobre las cabezas de los Apóstoles aquellas lenguas de fuego que aparecieron a vista de todos. Incluso les oyeron hablar de manera que, siendo los oyentes de pueblos y lenguas diferentes, cada uno de ellos lo oía hablar en propio lenguaje.
Desde aquel día, la Iglesia de Jesucristo vive y actúa bajo la acción del Espíritu Santo. Es esto precisamente lo fundamental en la vida de la Iglesia y de cada uno de los cristianos. Jesucristo comunica siempre su Espíritu a cuantos se le entregan por la fe y quieren vivir como discípulos suyos. Hemos oído esta mañana aquella sentencia de Pablo: “Nadie puede decir: Jesús es Señor, sino en el Espíritu Santo”· (1 Cor 12,3). También escribió Pablo aquello de que “los que son movidos por el Espíritu de Dios, ésos son los hijos de Dios (Rom8, 14). Y aquello otro: “El que no tiene el Espíritu de Cristo, ése no es de él” (Rom 8, 9).
Lo que ocurre es, que nosotros somos libres y Dios respeta siempre nuestra libertad, cuando pone su Espíritu en nosotros y nos invita a seguir a Jesucristo. Por eso, podemos sustraernos a la acción del Espíritu Santo, e incluso oponernos con nuestra actitud a su impulso suave y poderoso.

            Escándalos en la Iglesia
            Esto explica, queridos hermanos, los escándalos que se dan en la vida de la Iglesia. Es la explicación de que, en su seno, aun nosotros bajo la acción del Espíritu Jesucristo, haya pecados, infidelidades y miserias. Nadie debe escandalizarse, si tiene verdadera fe. Frecuentemente hay en la Iglesia de Jesucristo cosas desordenadas, que no marchan conforme al Evangelio. Todo eso no es del Espíritu del Señor, sino influencia del espíritu malo, que tiene aún su asidero en cada uno de nosotros. Es fruto solamente de nuestro propio egoísmo.
Nosotros, los pastores de la Iglesia, tenemos un gravísimo deber: Estar atentos a la vida del pueblo cristiano y a nuestra propia vida. Estar atentos y señalar aquello que pueda ser contrario al Espíritu del Señor; predicar sin descanso el Evangelio de Jesucristo, para que no caiga en olvido; orientar  a todos y cada uno, siempre en esta dirección y bajo el influjo del Espíritu, que nos asiste de manera especial en este ministerio de enseñar, exhortar, orientar y corregir.
¡Cuántas cosas hay entre nosotros contrarias al Espíritu de Dios! Sí desgraciadamente las hay… Yo tengo el deber  de confesarlo. Debo deciros que hay muchas, que no están de acuerdo con el Evangelio de Jesucristo. Hay realidades que causan división en nuestras comunidades, separaciones molestas, desunión, cuando el Espíritu de Jesucristo no es el que une. Hay cosas contrarias al Espíritu de sencillez, al espíritu de pobreza, al espíritu de amor entre los hermanos.
Todavía tengo que deciros que hay quienes, dentro de esta misma Iglesia en que estamos, se empeñan en mantener separaciones y discriminación entre unos cristianos y otros. Personas que, teniéndose por cristianos, hacen caso de ciertos valores muy discutibles y se dejan arrastrar de ciertas influencias, hasta en nombre de la misma política, y se empeñan en mantener separaciones dentro del templo. Esto no es lícito; es contrario al Espíritu del Señor.

Nuevos cristianos.
Esta fiesta de Pentecostés nos recuerda que todos hemos de someternos humildemente al influjo del Espíritu Santo, que el Señor derrama sobre los suyos. El Espíritu que nos comunica la vida cristiana y nos hace partícipes del amor de Dios y de Jesucristo.
Vamos a confirmar ahora a estos nuevos cristianos que tengo aquí en primera fila. En ellos, por el Santo bautismo, es realidad viva el misterio de la muerte y de la resurrección de Jesucristo. Debe actualizarse también en cada uno de ellos el misterio de Pentecostés. Así unidos todos hoy, ellos y nosotros, nos acercaremos juntos al altar y podemos decir con especial devoción: “Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo”

Miguel Peinado.
Que fue Obispo de Jaén                  


                                                       
 

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