sábado, 11 de febrero de 2017

DOMINGO VI DEL TIEMPO ORDINARIO
DIA 12 DE FEBRERO.
COLECTA DE LA CAMPAÑA CONTRA EL HAMBRE EN EL MUNDO
“Si vuestra justicia no es mayor, más abundante, mas cumplida, si no va más allá…no entrareis en el Reino”


PRIMERA LECTURA
Eclesiástico 15, 16-21
Ante ti están puestos fuego y agua: echa mano a lo que quieras;

  SALMO RESPONSORIAL
Salmo 118

 Dichoso el que camina en la voluntad del Señor.

 SEGUNDA LECTURA
 1 Corintios 2, 6-10
Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios…

 EVANGELIO
Mateo 5, 17-37
 Si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas que tu hermano tiene quejas contra ti, deja allí tu ofrenda y vete a reconciliarte con tu herma...


                                              
Comentario- Introducción
Celebramos el Domingo de la Sexta Semana del Tiempo Ordinario. Desde Jesucristo comprendemos, a la luz de toda su vida, que Dios necesita de los hombres no para ser Dios sino para ser un Dios de hombres y mujeres y que es imposible gestar un credo razonable al margen de la historia del hombre.
Al renovar las interpretaciones concretas de la Ley dada en el Sinaí, Jesús se presenta superior a Moisés y reclama la necesidad de la renovación del comportamiento humano en la perspectiva del Reino de Dios.
Señor, despierta mi alma y mi inteligencia para que tu palabra penetre en mi corazón y pueda yo saborearla y comprenderla. Y así ser capaz de abrir mi corazón a los  pobres, a los pobres más pobres entre los pobres, a esos que no cuentan para nada, ni tienen lo imprescindible para vivir, más aún, para sobrevivir.
Nuestra actitud ante el hambre en el mundo no admite ambages, o ayudamos o rompemos el centro de toda la justicia, que emana del evangelio, “dar de comer al hambriento”. Y si esto no lo cumplimos sobra todo lo demás.
S. Berdonces


HOMILIA
La lectura evangélica de este domingo no es tan breve como la de los domingos anteriores. Pertenece, como ellas, al Sermón de la Montaña, según la redacción de San Mateo. Como es sabido, San Mateo acentúa el estilo catequético; es un ejemplo continuado de las primitivas catequesis apostólicas, calcadas en la misma predicación de Jesús.
Aquel día, después de haber levantado en alto la bandera de la Bienaventuranzas, y haber concretado en dos imágenes vivas el ideal de la vida cristiana: “Vosotros sois la sal de la tierra…Vosotros sois la luz del mundo…”, el Maestro aborda de lleno el tema complicado de la Ley. Tema prioritario para todo buen israelita. El Señor va a mostrárnoslo a la luz del Evangelio del Reino.
Para no alargarnos en el comentario, podemos centrar la atención en la frase central del texto leído. En ella está la clave de toda la lección. La frase esta: “Os aseguro: si no sois mejores que los letrados y fariseos, no entrareis en el Reino de los cielos”. “Si vuestra justicia no es mayor”, más abundante, más cumplida, si no va más allá que la de los escribas y fariseos.
“Vuestra justicia”, es decir vuestra obediencia a la ley, vuestra religiosidad, vuestra piedad, vuestra honradez; que todo eso y más encierra la palabra “justicia”. Es la actitud radical correspondiente al pueblo de Dios, al que se había dicho: “Yo soy el Señor, vuestro Dios; santificaos y sed santos, porque yo soy santo” (Lev 11,44). Va a ser la consigna de Jesús: “Sed vosotros perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5,48)

Principio fundamental
Una justicia más abundante, más cumplida, que la de los escribas y fariseos. Estos hombres representaban en tiempo de Cristo la religiosidad oficial de Israel. Ejercían su oficio de guías espirituales y maestros del pueblo. Habían puesto todo su empeño en el cumplimiento literal, legalista meramente exterior, de los preceptos de la Ley mosaica. Para aumentar su prestigio y paliar su falta de espíritu, habían añadido una serie innumerable de preceptos y consignas, con las que intentaban resolver toda la casuística. En su hipocresía, habían conseguido complicar lamentablemente la piedad de la gente sencilla. Mientras dejaban a un lado “las cosas más graves de la Ley: el justo juicio, la misericordia, la buena fe” (Mt 23,23).
Frente a tal postura, Jesús reclama la entrega del corazón. El cumplimiento  exterior de la Ley de ser siempre manifestación de una actitud interior. La Ley no es sino un instrumento jurídico, como consecuencia de la Alianza entre Dios y su pueblo. En realidad, es expresión clara de la santa voluntad de Dios; cuya aceptación  por parte del hombre es exigencia de la justicia. Es el hombre entero cuerpo y alma, materia y espíritu, quien ha de abrazarse con el cumplimiento generoso de esa voluntad de Dios. Su aceptación sin condiciones arranca de lo más íntimo de la persona, cuando ésta se mueve en plena libertad. Tal es la justicia, ésta es la piedad auténtica, esto lleva consigo la santidad evangélica.
Enunciando este principio, el maestro desciende a tomar tierra con sus oyentes en problemas concretos. En la lectura del día, aparecen cuatro: el crimen, el adulterio, el repudio de la mujer y la mentira. Problemas siempre actuales, mientras el mundo sea mundo y el hombre se sienta incitado por sus propios impulsos  a rehuir la aceptación del orden justo. La catequesis de Jesús es transparente, profunda, irrefutable para todo aquel que quiera acercarse con sencillez y humildad, u busque, sin condicionamientos previos, la entrada en el Reino de Dios. Os invito a meditarla durante toda la semana.

Cuatro problemas morales
El crimen: “Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás…Pero yo os digo…” Lo que dice Jesús con el lenguaje familiar a sus oyentes judíos, se traduce de esta forma: el odio al hermano es diametralmente opuesto a la voluntad del padre que está en los cielos; consiguientemente, contrario a la Ley. El cristiano ha de desterrarlo decididamente de su corazón, si quiere entrar en el Reino. Porque el odio es la raíz de todos los crímenes del mundo. Frente al odio, frente a las decisiones entre los hermanos, hay que instalar en el corazón el amor hacia todos los hombres, aunque sean nuestros enemigos.
El adulterio: También aquí va Jesús a la raíz. Cuando el corazón y la mirada no son limpios, el hombre es arrastrado por el egoísmo de sus propios instintos. Frente a los desórdenes del vicio y la rebeldía de su propia carne, el cristiano tiene que acogerse a las palabras de Jesús: “Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. Desde esta posición, se puede luchar con garantías contra el enemigo; que cuenta siempre con nuestra propia debilidad, y anda oculto en los escándalos con que tropezamos en nuestro camino.
El libelo de repudio: Era un expediente legal, con que la Ley mosaica mitigaba, --“por la dureza de vuestro corazón”, son palabras de Jesús a los fariseos- aquello que Dios había establecido desde el principio como norma de la vida matrimonial. El Maestro no dudó en proclamar; frente a la debilidad humana, la voluntad del Creador (Mt 19, 3-9: Dt 24, 1 ss.).  Ahora que el tema está puesto sobre el tapete, conviene a los cristianos escuchar en silencio la voz de Jesús: “El que se divorcie de su mujer, la induce al adulterio; y el que se case con la divorciada comete adulterio”.
Aquello otro del recurso fácil al juramento, para tapar con una cortina de humo piadoso el espíritu de la mentira. Para el Señor  no hay tapujos, ni valen fórmulas  sofisticadas. “A vosotros os basta decir: si o no”. En lenguaje coloquial, podemos traducir nosotros: “Al pan, pan y, al vino,  vino”. Porque lo que pasa de ahí – continua Jesús- “viene del maligno”.

            La sabiduría y el poder.
            “L Ley nos fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad se ha hecho por Jesucristo” (Jn 1,17). Lo afirma San Juan en el comienzo de su Evangelio. De ambas andamos necesitados, si es que queremos que nuestra justica sea mayor que la de los escribas y fariseos.
Necesitamos ante todo la sabiduría de Dios, que brota a raudales en estas catequesis de Jesús. De esa sabiduría se nos ha dicho hoy, con palabra del sabio: “Es inmensa la sabiduría del Señor”. Y el apóstol San Pablo nos ha recordado en su lectura del día, que esa sabiduría que nosotros, como maestros y catequistas enseñamos en nombre de Jesús, es una “sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria”. Tenemos que preferirla a las opiniones y enseñanzas de los sabios de este mundo.
Necesitamos así mismo del poder de Dios, que remedia todas nuestras flaquezas. Por la gracia de Jesucristo, somos partícipes de ese poder, para vencer  en toda la línea. Con ese poder y esa sabiduría, alcanzaremos “las profundidades del misterio de Dios” Y penetramos el misterio del corazón humano. Para que seamos auténticos discípulos y podamos proclamar en el mundo el Evangelio de Jesús.
Miguel Peinado.
Que fue Obispo de Jaén                 


ORACIÓN DEL DÍA

Oh Dios y Padre nuestro:
nos has mostrado en Jesús
lo que significa decirte Sí.
Que al mismo tiempo que nos unimos a Él por este sacrificio,
podamos decir Sí y hacer lo que nos importa,
que nuestro Si pueda ser
una fiel respuesta a tu amor
y a la gente que nos rodea.
Libéranos para servirte con toda nuestra vida
por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.




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